Es la etapa en que despierta la sexualidad y todas
las preguntas del mundo parecen caber en una sola
cabeza. Época de miedos y desconocimientos,
la incertidumbre adolescente gira alrededor de un
fantasma: la perdida de identidad.
Para los que comienzan a recorrer el camino de la
adolescencia (11-12 años) la pregunta urgente
es quién o qué soy, para los que están
en el ojo de la tormenta, (15-17 años) la
duda es quién voy a ser o qué voy
a querer.
En todos
los casos se trata de una experiencia difícil,
compleja, múltiple, que se centra
en el/la adolescente pero compromete también
a su entorno familiar y social. Pero aunque la
gama de incertidumbre sea amplia y variada, un
denominador común parece ordenarlas: la
sexualidad. Etapa de cambios constantes, el principio
de la adolescencia coincide con una notable transformación
del cuerpo. Los chicos abandonan la niñez
pero aun no han conquistado categoría de
adulto. Los impulsos sexuales, hasta entonces
adormecidos, renacen con una fuerza inusitada
y la percepción se hipersensibiliza, abriéndose
a un diluvio de estímulos. Sensaciones
nuevas, fantasías, deseos confusos, ese
es el plan cotidiano de los/las adolescentes.
Entre las palabras claves figuran
anticoncepción y embarazo, o expresiones
como enfermedades de transmisión sexual.
Además de designar temas claves de la salud
general, estas palabras nombran las preocupaciones
más acuciantes de la adolescencia.
Siendo que estas inquietudes no
siempre se declaran ni están a la vista.
Viejos tabúes, conservadurismo religioso,
años de disciplina represiva, el pudor
o simplemente la ignorancia han hecho que estas
preguntas (y la información que debería
satisfacerlas) queden confinadas, la mayoría
de las veces, en esa zona de sombras que une lo
prohibido con lo vergonzoso. Y sin embargo nunca
como ahora ha sido tan imperioso sacarlas a luz.
En el desarrollo de su sexualidad
los/las adolescentes ponen en juego mucho más
que su cuerpo, el aprendizaje del sexo significa
la posibilidad de expresar su capacidad de dar
y recibir amor, la definición de su propia
identidad y la imagen y valoración de si
mismo. Por que nos cuesta hablar de sexualidad
con los hijos Tendríamos que preguntarnos
principalmente qué significa para nosotros
la sexualidad, es decir si la concebimos como
parte integral de nuestro ser e inherente a todos.
Hoy son muchas las parejas que
encaran en forma participativa e integrativa la
educación de los hijos, conscientes de
que se conservan resabios de tiempos pasados que
dificultan la comunicación, trabas, prejuicios,
preconceptos y mitos, los cuales impiden hablar
de sexo y sexualidad espontáneamente. Uno
de los problemas centrales del adolescente es
que tiene la cabeza llena de preguntas pero no
las palabras para formularlas.
Lo importante, pues, es facilitárselas.
Nombrar un terror, una duda, una incertidumbre
es empezar a despejarlos. Poder hablar de una
preocupación es quitarle buena parte de
su carga de angustia y abrir el camino de la información,
una instancia absolutamente clave a la hora de
disipar miedos.
La información teórica
es muy útil pero suele chocar con la reticencia
de los/las adolescentes, que se interesan básicamente
en los datos de su propia experiencia. Lo ideal
es que la información sea lo mas concreta
posible y se atenga a las necesidades concretas.
Y sobre todo: que se transmita en un contexto
de afecto, de intimidad y de comunicación.
Es allí donde la responsabilidad familiar
es clave. Si bien es cierto que no existen formulas
mágicas ni recetas infalibles para lograr
una comunicación positiva, hay que tener
en cuenta que hablar de sexualidad no es solamente
hablar de órganos genitales. Es muy importante
que vivencien la parte emocional, afectiva, el
valor del compromiso. Algunas pautas útiles
que pueden ayudar a los padres, en el terreno
de la sexualidad, por ejemplo, es bueno explicarles
a los chicos y chicas las consecuencias que implica
la práctica de la sexualidad.
También fomentar en ellos
los parámetros de una conducta sexual responsable.
En líneas más generales, no defenderse
del adolescente sino acercarse a el, a ella, compartiendo
alguna actividad concreta que les dé placer.
Darle seguridad: un padre o una madre, no pueden
resolver todos los problemas de su hijo/a, pero
sí brindarles un marco donde sea posible
abordarlos con libertad.
Estimular lo que los/las adolescentes
hacen bien y no encarnizarse con lo que hacen
mal. Mostrarse humanos y humanas, lo mas reales
posibles y desechar la frase de eso no se
habla.
Si en alguna oportunidad no se
puede responder porque no se sabe como hacerlo,
es preferible demostrar sinceridad diciendo no
se, eventualmente podemos recurrir a la
ayuda especializada (psicólogos, ginecólogos,
médicos), pero nunca para no asumir la
responsabilidad del diálogo; Y fundamentalmente:
no desaparecer. Hay muchas cosas que los adolescentes
no soportan.Casi todas. Pero solo una que no perdonan:
la ausencia. Sabemos que las autoridades religiosas
han intentado dirigir y regular el comportamiento
sexual durante siglos, pero pensemos ¿Cómo
podemos ayudar mejor a nuestros jóvenes:
si prohibiendo o dando información adecuada?.
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