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septiembre 2001
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Sexualidad y pragmatismo en las nuevas generaciones

Por Gabriela Rodríguez, AFLUENTES SC/México, D.F., 16 de agosto, 2001

Pese a las desigualdades y al empobrecimiento que experimentamos los países de América Latina, la modernización cultural y la secularización son procesos irreversibles que van alcanzando paulatinamente a niñas, niños y adolescentes de casi todos los estratos sociales.

La pluralidad de la sociedad mexicana del siglo XXI presenta configuraciones culturales complejas, dentro de las cuales la familia, la escuela, las instituciones de salud y las industrias culturales configuran nuevos sujetos morales. Lejos de “perder sus valores”, las nuevas generaciones muestran un refinamiento y enriquecimiento de ideales, convergentes a los procesos de modernización; esos procesos que, según Habermas separan a la religión, del arte y de la ciencia y colocan los criterios de la moral, la belleza y la verdad en esferas distintas. En tal sentido, las regulaciones religiosas y seculares sobre la sexualidad no pierden necesariamente su vigencia; sin embargo, en la actualidad, se están subordinando a necesidades más pragmáticas.

Transformaciones económicas estructurales están removiendo las bases de todo un sistema patriarcal. La erosión de la autoridad familiar por la autonomía económica de jóvenes de ambos sexos que se ven obligados a trabajar abre un margen de mayor decisión sobre la propia vida sexual; la necesidad de emigrar para buscar trabajo extiende las opciones para vivir experiencias sexuales más diversas; el desempleo obliga al involucramiento en prácticas para evitar embarazos, la incapacidad de sostener una familia lleva a postergar la decisión de casarse, o por el contrario acelera la decisión de irse con el novio o de casarse, cuando se visualiza como única vía para salir del confinamiento familiar. Sin embargo, los programas de educación sexual están lejos de las necesidades de los jóvenes y no han incorporado el conjunto de transformaciones que se están viviendo día a día en la vida sexual.

Por el contrario, el currículum escolar apenas introduce algunas nociones biológicas de salud reproductiva y prevención de infecciones de transmisión sexual, y más aún, hoy se ven influidos por campañas conservadores de “Abstinencia sexual”. Se trata de toda una estrategia articulada en las Cartas Pastorales regionales que se desprenden del Consejo Pontificio para la Familia, así como de grupos conservadores financiados por redes de derecha que ven en la educación sexual progresista un riesgo de autonomía individual y colectiva que puede cambiar las actuales relaciones de poder.

Lejos de reconocer los procesos actuales, las campañas de abstinencia sexual subestiman la capacidad de decisión de los menores de edad, niegan el derecho a la información, el acceso a dispositivos preventivos y promueven la ignorancia, justificando la promoción de la abstinencia, como único camino válido entre las solteras y solteros. La hostilidad hacia el placer y la desconfianza en la sexualidad hunden sus raíces en el paganismo de la edad de piedra y en las corrientes estoicas de los primeros siglos de nuestra era. Estos valores alcanzan su culminación en el ideal cristiano de la virginidad y se conservan en occidente hasta nuestros días. La cercanía a los dioses reclamaba la abstinencia sexual: “había que guardar durante determinados días la continencia, si se quiere entrar en el templo y tocar los objetos sagrados”. Herederos del estoicismo, en los relatos bíblicos se expulsa a Adán del paraíso ante la transgresión del precepto de la abstinencia sexual, y en los evangelios, Cristo nace de una virgen para promover la idea de que el cuerpo es algo negativo y pecaminoso del cual tiene que liberarse quien quiera estar en la cercanía de Dios.

El celibato se concibe como un estado superior que está por encima del matrimonio, sacramento menor y concesión para quienes no pueden contenerse ni prescindir de la satisfacción de los sentidos. Gracias a la ilustración, Occidente ha atravesado largos procesos de secularización y laicidad que han permitido recuperar las libertades sexuales hasta llegar a legitimarlas en el siglo XX, dentro del marco de los derechos humanos. Hoy la política sexual tiene que fundamentarse en las prácticas de los y las jóvenes, en los valores de los ciudadanos mexicanos que votaron por un gobierno democrático que les permite decidir libremente sobre su vida sexual.

En la Encuesta Nacional de Juventud 2000 aplicada por el Instituto Mexicano de la Juventud, 88 por ciento de los jóvenes cree en la Virgen de Guadalupe y sin embargo, un 79 por ciento considera que las creencias religiosas no influyen en las actitudes sobre la sexualidad; del 55 por ciento que ha tenido relaciones sexuales, 68 se inició entre los 15 y 19 años, 36 con su novio(a) y 40 con su esposo(a), y 95.7 por ciento califica de muy satisfecha y satisfecha la forma como viven su sexualidad. Además, 52 por ciento ha utilizado métodos anticonceptivos: 56 el condón, 21 el DIU y 16 las píldoras, y sólo un 1 por ciento, la anticoncepción de emergencia. 35 por ciento ha aprendido lo más importante sobre la sexualidad en la escuela, el 25 por ciento de sus padres, el 20 por ciento “por mí mismo”, el 10 por ciento de los amigos, el 6 por ciento de los medios de comunicación y el 1 por ciento de la iglesia. Contrariamente al concepto de “fragilidad de la estructura familiar” y “la falta de valores” que caracteriza a las nuevas generaciones, según afirman los grupos conservadores y líderes de movimientos de derecha, la encuesta revela que los jóvenes mexicanos pasan 55 por ciento de su tiempo libre con su papá, su mamá o sus hermanos, y sólo un 32 con su novio(a) y amigos; dedican en promedio 4.8 horas diarias a estar con la familia, 3 horas con el novio(a) y 2.2 horas con los amigos. 60 por ciento busca en el noviazgo tener alguien a quien amar y con quien compartir sentimientos; lo que más valoran en un hombre es que sea responsable (58 por ciento) y que no tenga vicios (12 por ciento). Lo que más valoran en una mujer es que sea responsable (44 por ciento), y que sea tierna y comprensiva (14 por ciento), y 78 por ciento confiesa haber vivido la experiencia del enamoramiento.

Los principales personajes de su confianza son: para el 72 por ciento los médicos, para el 67 los maestros, para el 60 los sacerdotes y 48 por ciento señala a los defensores de los derechos humanos. (Encuesta Juventud 2000. Instituto Mexicano de la Juventud/INEGI, México 2000). Pese a las grandes transformaciones de la vida sexual en las nuevas generaciones, la promoción de la abstinencia sexual ha sido experimentada ante la epidemia del SIDA. Recordamos la campaña “Say NO” en tiempos de Ms Reagan en los Estados Unidos, la cual no logró reducir las prácticas sexuales. Por numerosos estudios al respecto, hoy sabemos que la doble moral sexista, la falta de autocontrol y la agresión sexual están relacionados con los comportamientos sexuales de riesgo. También sabemos que los cursos de educación sexual en que se promueven las prácticas de sexo protegido junto con la opción de la abstinencia (alternativa igualmente respetable) logran disminuir el número de parejas sexuales e incrementar el uso del condón en forma más continua, sobre todo cuando los grupos son de menor edad, cuando se incrementa la autoestima y se propician expectativas placenteras en las mujeres sobre el uso del condón (ONUSIDA/ OMS, 1997).

En comparación con estudios anteriores, hay en las nuevas generaciones una visión mucho más preventiva y responsable de la sexualidad, pues hacia finales de los ochentas, los jóvenes recurrían principalmente al ritmo, el retiro y el aborto, prácticas que hoy se reducen a 5, 9 y 10 por ciento respectivamente.

Hoy las regulaciones religiosas quedan subordinadas al ejercicio de los derechos sexuales, y más de la mitad de los jóvenes prefiere aplicar la información científica que conoce gracias a la escuela y a los medios de comunicación. La visión de las y los jóvenes de hoy, no va a poder ser revertida fácilmente, pese al renovado entusiasmo que presentan en la región los grupos conservadores.

Sin embargo, no podemos cerrar los ojos ante la amenaza en que se encuentran los derechos sexuales de adolescentes, en la medida en que representantes de los nuevos movimientos de derecha, líderes formados principalmente por el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, están ocupando posiciones clave dentro de las estructuras del poder público.

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