28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres: un imperativo ético y un compromiso social
5 de mayo de 2008
En el marco de este día emblemático instaurado por la Red de la Salud de las Mujeres de América Latina y El Caribe en 1987, la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir expresa su indignación ante la inaceptable situación de la salud de las mujeres.
Si tomamos en cuenta que el concepto de salud promovido por la Organización Mundial de la Salud no solamente es ausencia de enfermedades, sino que abarca un “completo estado de bienestar físico, social y mental”, los desafíos para lograr el derecho de las mujeres a la salud integral son aún mayores en contextos en los que la pobreza aumenta, la desigualdad es escandalosa y la corrupción y la impunidad son la constante. Más aún, cuando los patrones culturales refuerzan la misoginia, las inequidades de género, la discriminación por sexo y la violencia feminicida.
Según la Organización Panamericana de la Salud, en forma global, se han mejorado las condiciones de salud de la población en general, no obstante, en los países en desarrollo la mortalidad materna permanece desproporcionadamente alta. Entre las causas obstétricas directas están: la hipertensión inducida por el embarazo (toxemia) hemorragia (durante el embarazo o el parto) las secuelas de un aborto. Todas que, aunque no necesariamente son predecibles todas pueden ser prevenibles y evitables.
La mortalidad materna, afecta a las mujeres pobres, desposeídas, analfabetas, que viven en áreas rurales o en condiciones de marginalidad. Muchas de ellas pertenecen a poblaciones indígenas y grupos de adolescentes, cuyos embarazos no han sido planificados.
El análisis efectuado por la OPS/OMS relacionado con las causas obstétricas directas muestra como el aborto y sus complicaciones fue la causa principal de muerte materna en Argentina, Cuba, Chile, Guatemala, Panamá, Paraguay, Perú, Trinidad y Tobago. La hemorragia fue la primera causa de muerte entre las mujeres gestantes en Bolivia, Canadá, Costa Rica, el Salvador, los Estados Unidos, Honduras, México, y Nicaragua. La hipertensión inducida por el embarazo (toxemia) es la causa mas importante de muerte en Brasil, Colombia, Ecuador, Haití, República Dominicana y Venezuela.
6.000 muertes por complicaciones secundarias al aborto, se presentan cada año en la región. El número real de abortos es desconocido por las características de clandestinidad, ilegalidad y penalización que le rodea. No obstante se estima que el número de mujeres que necesita de una atención institucionalizada equivale al 20% de todos los embarazos.
Si bien deben reconocerse los esfuerzos de los gobiernos del mundo por mejorar esta situación, calificada como grave en las conferencias de El Cairo (1994) y Beijing (1995), esta somera revisión de las cifras nos arroja resultados verdaderamente preocupantes.
La Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir tiene muchos años luchando por el derecho a la salud de las mujeres desde distintos niveles y espacios, hemos participado en iniciativas que impulsen la voluntad de promover políticas públicas destinadas a abordar estos problemas. Sin embargo, reiteramos que la situación aquí enunciada nos demuestra que es necesario redoblar esfuerzos y promover políticas integrales e interinstitucionales, así como destinar los recursos financieros necesarios para su instrumentación. Un factor fundamental para que la salud de las mujeres alcance un estado completo de bienestar, es el cambio cultural indispensable para que las mujeres puedan integrarse plenamente a la vida social, económica y política y se reconozca su plena autoridad moral.
Ante este panorama, como comunidad católica debemos sumarnos a todos los esfuerzos por mejorar la salud de las mujeres, particularmente su salud sexual y reproductiva. Como mujeres católicas debemos reconocer que nuestro bienestar depende de decir sí a nuestra existencia y a nuestra salud, de tomar nuestras decisiones para cuidarla y exigir a nuestros gobiernos garantías para el disfrute de nuestros derechos.
Lamentablemente nuestra institución católica en muchos casos se ha convertido en un riesgo para la salud física, psíquica y espiritual de las mujeres porque se ha alejado de sus vidas, porque ha traicionado el Evangelio y porque el magisterio, creyéndose infalible, impone una moralidad unívoca que ni sus integrantes pueden cumplir: muchos de ellos son también víctimas de su doctrina del sufrimiento y la desesperanza.
Finalmente, manifestamos nuestra indignación por las flagrantes vulneraciones del derecho a la salud de las mujeres en Chile y Nicaragua, donde las últimas reformas legales les impiden acceder a derechos básicos como son el acceso a la anticoncepción de emergencia y al aborto terapéutico respectivamente. No puede ser que a estas alturas del desarrollo humano en cuestión de conocimiento y tecnología tengamos que aceptar políticas públicas que responden intereses a y creencias personales, siendo que dichas políticas tienen que estar orientadas al interés colectivo y a responder a las necesidades que plantea la realidad de las personas y, fundamentalmente, a garantizar el ejercicio de los derechos en este caso, el derecho a la salud.
Llamamos a las autoridades de todos los países de la región para recordarles que en sus manos están los cambios para garantizar a las mujeres acceso al derecho a la salud sin restricciones de ningún tipo menos morales y religiosas que corresponden con el ámbito de las creencias personales y no de los objetivos de la política pública.