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Diversas formas de familia: transmisión de amor y tolerancia

"La jerarquía católica y las pastorales familiares tiene hoy un gran desafío: escuchar las profecías del evangelio que están más allá de los discursos institucionales religiosos"

Del 1 al 9 de julio se realizó en Valencia España el V Encuentro Mundial de la Familia, que se presenta como un evento eclesial de suma importancia convocado por el Papa cada tres años. El lema del encuentro fue "La transmisión de la fe en la familia".

En la clausura, Benedicto XVI centró su intervención en la defensa de la familia como un "bien evidente" e hizo un llamado a "los gobernantes y legisladores" a recordar que el "objeto de las leyes es el bien integral del hombre". Añadió que la familia "es una ayuda notable a la sociedad, de la cual no se le puede privar" y "una salvaguarda y una purificación para los pueblos". Asimismo, alertó sobre la necesidad de garantizar a las familias que "no estén solas" ante "los desafíos de la sociedad actual, marcada por la dispersión que se genera sobre todo en el ámbito urbano".

Desde la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir consideramos que de acuerdo a la realidad de nuestros pueblos, la construcción del concepto de familia adquiere dimensiones amplias y diversas, y que considerarla como única e inmutable puede significar un reduccionismo que no sólo pone en peligro a los propios derechos humanos, sino que es una explícita negación de la realidad cultural e histórica de mundo.

Hablar de "la familia natural" fundada en el matrimonio heterosexual implicaría marginar y excluir a amplias y variadas modalidades sociales y humanas de construcción familiar, de manera que millones de personas quedarían marginadas no sólo del imaginario social, invisibilizando su existencia, sino de aspectos concretos como la protección estatal respecto a sus derechos derivados de la condición de convivencia afectiva y de parentesco.

Sólo basta prestar atención a las múltiples historias familiares existentes por dondequiera para comprobar que la composición de las familias es diversa: mujeres solteras con hijos; hombres solteros con hijos; niños y niñas que crecen con tías, tíos, abuelos o hermanos mayores porque los progenitores tuvieron que emigrar para garantizar la subsistencia del conjunto; parejas del mismo sexo unidas por compromisos afectivos y responsabilidades familiares; etcétera.

Esta realidad debe obligar -a la vez que limitar- a los estados, especialmente laicos, en el marco de su carácter democrático y de promoción de la tolerancia, a promover y garantizar el derecho a la existencia y el reconocimiento de diversas modalidades de construcción familiar. Al Estado no le debería corresponder definir cuál es una "buena" forma de ser familia, sino promover el respeto a la diversidad familiar y social, erradicar la discriminación y garantizar la igualdad de oportunidades todas las familias.

Es urgente recordar que las principales e inmediatas funciones de los estados modernos para con sus sociedades, es el de garantizar la salud, la educación, y la eliminación de la violencia como problema público, además de promover las libertades y diversidades colectivas e individuales. Por otro lado, los estados deberían concretar su voluntad política para disminuir el flagelo de la pobreza y de incrementar el empleo para hombres y mujeres.

Seguiremos interpelando el modelo de familia nuclear que proclama el cristianismo; aquel en el que se violan los derechos más elementales de las mujeres y la infancia, donde no existe ni seguridad, ni amor y donde las agresiones sexuales son el pan de cada día. "La transmisión de la fe en la familia" que propone el V Encuentro Mundial de la Familia debería incluir también "la transmisión" del respeto y la tolerancia hacia la diversidad y sobre todo la transmisión del derecho de las mujeres a una vida digna y sin violencia.

"La jerarquía católica y las pastorales familiares tiene hoy un gran desafío: escuchar las profecías del evangelio que están más allá de los discursos institucionales religiosos. Así como Jesús vino de Nazaret, lugar excluido del poder religioso y económico, la buena nueva que anuncia el amor y el respeto entre las personas está naciendo de la periferia del catolicismo: en las familias de los sacerdotes casados, de las mujeres lesbianas que adoptan niñas/os olvidadas/os, de las madres solteras y mujeres abandonadas que cuidan solas de sus hojas e hijos, de las personas transexuales que peregrinan para construir sus familias de parejas que constituyen familia sin optar por tener hijos. Estas y estos disidentes, excluidas/os, de la mesa de la comunión por el poder religioso, son los que día a día nos enseñan como vivir en familia en nuestras sociedades". Conciencia Latinoamericana Vol. XIV No 12


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