Mujer y Sida
15 de marzo
Una de las luchas que más vidas está costando
a las mujeres se libra contra el VIH/SIDA, precisamente porque
en materia de género las políticas de derechos
sexuales y reproductivos dejan mucho que desear. Más
allá de los componentes biológicos, la vulnerabilidad
de las mujeres ante el VIH/SIDA se debe a una intrincada interrelación
de factores sociales, económicos, religiosos y culturales
que se repiten a través de comunidades y fronteras.
La Red Mundial de Mujeres por los Derechos
Reproductivos (RMMDR), en el Día Internacional
de la Mujer, declaró que las mujeres tienen el doble
de probabilidad de llegar a ser VIH positivas que los hombres.
Muchas de ellas son jóvenes y viven en la pobreza.
En el mundo existen 7.5 millones de mujeres viviendo con el
VIH/SIDA.
Ante esa situación, ¿cómo
podemos justificar la creación de organismos internacionales
como la Coalición Mundial sobre las Mujeres y el SIDA
o de instrumentos internacionales de derechos humanos como
la Convención sobre la eliminación de todas
las formas de discriminación contra la mujer y luego
permitir que los Objetivos de Desarrollo del Milenio guarden
silencio sobre los derechos sexuales y reproductivos de las
mujeres?
¿O que el gobierno de los Estados Unidos
imponga su Global Gag Rule o políticas de prevención
del VIH que reducen los servicios de planificación
familiar o suprimen el uso del preservativo? ¿O las
instituciones de desarrollo internacionales que imponen sus
condiciones políticas para la ayuda que resulta en
la reducción del gasto público en servicios
y cuidados de la salud? ¿O que el acceso a los drogas
para combatir el VIH/SIDA se vea determinado por tratados
de libre comercio y los intereses de las compañías
farmacéuticas?
Las mujeres sufren situaciones de explotación
en el trabajo, en sus comunidades y en las familias. Son objeto
de discriminación y violencia, y están atrapadas
en una red de desempoderamiento que hace difícil el
acceso a la información o a los servicios de salud,
y mucho menos, a la posibilidad de negociar la práctica
de sexo seguro.
La vulnerabilidad de las mujeres ante el VIH/Sida
puede evitarse con políticas, leyes, intervenciones
y prácticas que empoderen a las mujeres y que salvaguarden
su salud y sus derechos sexuales y reproductivos. La puesta
en marcha de estas políticas debe ser exigida para
que las mujeres puedan gozar de plena libertad de decisión
sobre sus vidas, su cuerpo y su identidad.
Los gobiernos, las organizaciones internacionales
y las multinacionales deben rendir cuentas de su contribución
a la salud de la mujer y el ejercicio pleno de sus derechos
sexuales y reproductivos. La situación sólo
se revierte con educación y con un cambio de actitud
del hombre, quien debería respetar la decisión
de la mujer sobre su cuerpo. En la actualidad, una mujer no
puede plantear a su esposo que use condón y mucho menos
una víctima de violación sexual puede pedirle
al violador que use preservativo.
Todavía son muy pocas las mujeres que
pueden negociar mantener relaciones sexuales seguras porque
la mayoría de los hombres aún son reticentes
a utilizar preservativos. A esto se suma que en muchas sociedades,
las mujeres que plantean el uso del condón corren el
riesgo de ser acusadas de infidelidad o de promiscuidad.