Día Internacional
de la Mujer
1 de marzo de 2006
Las diversas formas de avasallamiento contra la mujer en el
mundo son una realidad que azota rostros, fuerzas, inocencias
y luchas de miles de mujeres. Muchos movimientos de mujeres
se han formado a lo largo de los últimos años
para mitigar la violencia y para transitar por el camino de
equidad de género, pero las estadísticas mundiales
son alarmantes y anuncian que es grande el desafío
para modificar conductas milenarias impuestas por el patriarcado.
En el Día Internacional de la Mujer, un día
de lucha por la reivindicación de los derechos de género,
no hay tiempo que perder si queremos alcanzar los objetivos
de desarrollo del Milenio antes del plazo de 2015.
En todo el mundo, abusos
contra las mujeres son incesantes, sistemáticos y ampliamente
tolerados, si no condonados explícitamente. A pesar
del progreso tan real del movimiento internacional por los
derechos humanos de la mujer, a pesar del aumento de la conciencia
y del rechazo respecto a las violaciones de los derechos humanos
de las mujeres, la violencia y la discriminación contra
las mujeres continúan siendo epidemias sociales a nivel
global.
Por eso, son objetivos
prioritarios la plena participación, en condiciones
de igualdad de la mujer en la vida política, civil,
económica, social y cultural en los planos nacional,
regional e internacional y la erradicación de todas
las formas de discriminación basadas en el sexo. Lo
que se necesita es un cambio positivo y concreto que dé
más poder y confianza a las mujeres y las niñas,
y transforme las relaciones entre las mujeres y los hombres
en todos los niveles de la sociedad.
Se requiere un cambio que refuerce la protección
jurídica del derecho de las mujeres, ya que frecuentemente
las mujeres pobres y analfabetas no disponen de recursos prácticos
para pedir ayuda recurriendo al sistema jurídico.
Si bien la legislación de las últimas
décadas intenta morigerar la posición históricamente
desfavorable de la mujer, la igualdad de género, en
la mayoría de los casos, no trasciende el plano formal.
En muchos países, los derechos de la
mujer a la tierra y los bienes están amparados por
el matrimonio. Pero si el matrimonio termina por causa de
abandono, divorcio o muerte, el derecho de la mujer a la tierra
o la vivienda también puede quedar suspendido.
Las niñas tienen más probabilidades
que los niños de abandonar la escuela prematuramente
por motivos de matrimonio precoz, embarazo, dificultades económicas
u obligaciones familiares. Por eso es necesario implementar
políticas que fomenten la educación de las niñas
para darles la facultad de informarse y equiparse mejor para
salir adelante en la vida. Esto también sirve para
prevenir la propagación del VIH y de otras infecciones
de transmisión sexual porque brinda a las niñas
un mayor acceso a la información.
No se puede pensar que la igualdad entre géneros
está cerca cuando en la actualidad, las mujeres representan
el 50 por ciento de las personas infectadas por el VIH en
todo el mundo. Y cuando entre el 25 y el 50 por ciento de
las mujeres en el mundo son víctimas de violencia doméstica,
que aumenta en situaciones de conflicto armado.
En 1995, la Plataforma de Acción de
Beijing determinó que la mujer en el ejercicio del
poder y la adopción de decisiones era una de sus esferas
de especial preocupación. Este documento esbozó
medidas concretas que habían de adoptar los gobiernos,
el sector privado, las instituciones académicas, los
órganos regionales y las organizaciones no gubernamentales,
así como el sistema de las Naciones Unidas, para lograr
un mayor acceso y una participación plena de la mujer
en las estructuras de poder y la adopción de decisiones.
Los argumentos que sostienen y excusan los
abusos contra los derechos humanos de la mujer determinan
que para muchos, todavía, la vida de la mujer es considerada
menos importante que la del hombre.
Por eso nuestro deber como mujeres es exponer
prácticas y políticas que nos oprimen, denunciándolas
como violaciones de los derechos humanos fundamentales que
silencian y subordinan a las mujeres. Debemos rechazar las
prácticas específicas legales, culturales o
religiosas a través de las cuales las mujeres son sistemáticamente
discriminadas y excluidas de la participación política
y la vida pública.