Una mujer al poder
1 de febrero de 2006
Mujer, progresista, agnóstica y divorciada.
Definitivamente, los rótulos que intentan clasificar
a la figura de Michelle Bachelet, presidenta electa de Chile
el 15 de enero, no son los políticamente correctos
para el presidente de un país tradicionalmente conservador
y ultra católico. Y, sin embargo, algo debe estar cambiando
entre los y las chilenas porque han decidido otorgarle un
voto de confianza a esta mujer.
Con un 53 por ciento de votos, y en segunda
vuelta, la socialista logró derrotar a Sebastián
Piñera, derechista, que llegó al 46 por ciento.
Pero esas elecciones simbolizaron también muchos otros
triunfos para Bachelet y las mujeres en general.
Mientras sus opositores intentaron aplicar un tinte moral
y negativo a su declarado agnostismo y al hecho de ser divorciada,
ella siguió trabajando duro hasta demostrar que
los valores arraigados por la sociedad conservadora ya no
estaban teniendo aceptación plena en una sociedad de
transición hacia modos de vida más democráticos.
Así, aplastó el mito de que
las mujeres no votan a otras mujeres, de otra forma no hubiera
logrado el triunfo.
A pesar de no declararse abiertamente feminista,
sus planes de gobierno tienen el género como eje transversal.
Sus futuras medidas incluyen lograr la igualdad salarial entre
varones y mujeres; guarderías para trabajadoras; prevención
y atención de la violencia contra las mujeres; reforma
de los sistemas de seguridad social y previsional con enfoque
de género; sanción de la ley de cupos para cargos
electivos; modificaciones a la ley de acoso sexual y sanción
de una ley sobre derechos sexuales y reproductivos.
Recordemos que la elección de Bachelet
en Chile no es un hecho aislado. En el mundo las mujeres están
siendo reconocidas para ejercer los más altos cargos
públicos y políticos. Así están
Ellen Johnson, primera presidenta en Liberia y en el continente
africano, y Angela Merkel canciller de Alemania. Como ellas,
también otras mujeres ejercen el poder político
como primeras ministras en Mozambique, Nueva Zelanda y Bangladesh;
y otras, como
presidentas en Irlanda, Letonia, Sri Lanka, Finlandia y Filipinas.
El cambio, entonces, no sólo incumbe
a este país de América del Sur sino al mundo
entero. En Bolivia tenemos también el ascenso de Evo
Morales. Como señaló Sonia Montaño en
una nota publicada en RIMA: "Tanto indios como mujeres
comparten trayectorias similares en la conquista de la ciudadanía.
Ambos conquistaron el derecho al voto mucho después
que los hombres blancos y letrados, cuando lo hicieron aun
tuvieron que esperar mucho tiempo para ser elegidos".
Nada parece ser casual, si es que miramos
las cosas con optimismo. Aunque tampoco es cuestión
de contentarse con la sola presencia de la llegada de una
mujer en un puesto semejante.
Por lo pronto, tanto varones como mujeres
le han depositado la confianza a esta ex exiliada política
de la dictadura de Augusto Pinochet. Lo que queda por delante
es todo desafío. Bachelet ha empezado a escribir una
historia nueva en Chile y esperamos que su camino deje huellas
importantes en la historia de ese país pero especialmente
en la de las mujeres.