Ser mujer pobre
15 de enero de 2006
Por su envergadura, severidad y las características
que presenta, la pobreza es uno de los problemas más
graves del mundo. Es un fenómeno que afecta de manera
diferente a hombres y mujeres. El menor acceso de las mujeres
a la propiedad privada, al capital productivo y al crédito
constituyen un círculo vicioso que las mantiene alejadas
de la riqueza y del poder económico. La baja presencia
de las mujeres en los organismos que inciden en los diversos
aspectos de su vida, también se expresa
en la exclusión de sus intereses específicos
de género de las agendas políticas, económicas
y gremiales.
A fines de la década de los noventa,
se estimaba que la pobreza, medida a través del ingreso
per cápita de los hogares, afectaba a unos 211 millones
de personas en América Latina, equivalentes al 44 por
ciento de la población total, según datos de
la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Las
mujeres representan un grupo especial dentro de los pobres,
que se caracteriza por su alta dedicación a actividades
no remuneradas y dependencia económica de los hombres
proveedores, así como por su concentración en
una reducida gama de ocupaciones, principalmente informales,
con bajos salarios.
Por su condición de género,
las mujeres enfrentan además barreras socioculturales
para ingresar y permanecer en el mercado de trabajo en igualdad
de oportunidades con los hombres. De acuerdo con la Organización
Mundial de la Salud (OMS), una tercera parte de los costos
de la asistencia sanitaria en la mayoría de los países
con bajos ingresos son cancelados con recursos provenientes
del bolsillo de las personas.
Entre las mujeres que se encuentran en peor
situación están las ancianas. Pero también
las jóvenes madres adolescentes, incluso cuando permanecen
junto al hogar de origen, ya que interrumpen sus estudios
y proyectos de vida frente a su nueva responsabilidad, aumentando
así las probabilidades de transmisión intergeneracional
de la pobreza.
En México, la aprobación de
presupuesto para programas de mujeres está entrampado
en la Cámara de Diputados por visiones machistas que
consideran que rubros coyunturales y políticos son
más "serios" que las necesidades más
apremiantes de la población femenina.
En Perú, la pobreza y la desnutrición
tienen rostro de mujer. Así lo señalaron en
la realización del X Encuentro Regional de Mujeres
Líderes cuyo objetivo fue mejorar la calidad de vida
y promover la participación protagónica de la
mujer en el desarrollo económico, social y cultural
en la región. Mercedes Eusebio Lescano, presidenta
de Mujeres Líderes, asegura que la mujer asume un rol
pasivo debido a los programas asistencialistas que ofrecen
los sucesivos gobiernos.
"A nivel mundial, 150 millones de personas
se ven obligadas a gastar casi la mitad de sus ingresos en
cuidados médicos. Además, estas personas caen
con mayor facilidad en un círculo vicioso de pobreza-enfermedad",
explicó Assane Diop, director ejecutivo responsable
del área de Protección Social de la OIT.
Un estudio comparado del impacto de la protección
de la salud social en Sudáfrica, Senegal y Kenya, realizado
conjuntamente por la OIT, la OMS y la Organización
de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE),
presentado en el marco de la conferencia que sobre ese tema
se lleva acabo actualmente en Berlín, pone en evidencia
la relación entre la protección social sanitaria
y la pobreza.
De acuerdo con la investigación, en
los tres países, el déficit de asistencia sanitaria
afecta principalmente a las familias con bajo o ningún
ingreso, a los trabajadores de la economía informal,
a las mujeres y a las familias rurales. Muchas de estas personas
se ven arrastradas bajo el umbral de la pobreza a causa de
los costos de la asistencia sanitaria.
"El género condiciona la forma
en que los individuos y los hogares experimentan la situación
de pobreza y logran o no superarla. El porcentaje de mujeres
pobres es mayor y ellas son más vulnerables a la pobreza
y experimentan con frecuencia sus formas más severas.
Paradójicamente, el aporte de las mujeres a la superación
de la pobreza y por el bienestar de sus hogares es cada vez
más importante y es cada vez más reconocido.
De hecho, uno de los factores que ha contribuido a controlar
el aumento de la pobreza en la región es la incorporación
masiva de las mujeres al trabajo remunerado", dice en
la introducción del libro Mujeres, Pobreza y Mercado
de Trabajo. Argentina y Paraguay, Agustín Muñoz
Vergara, director regional para las Américas, de la
OIT.
El número de mujeres que ingresa en
la fuerza de trabajo mundial nunca ha sido tan elevado, pero
tienen que hacer frente a tasas de desempleo más elevadas
y a salarios más bajos y representan el 60 por ciento
de los 550 millones de trabajadores pobres, según un
nuevo informe de la OIT preparado para el Día Internacional
de la Mujer.
La situación general del empleo de
las mujeres no ha evolucionado mucho desde 2001, según
esta actualización. La proporción de mujeres
que ocupan puestos profesionales aumentó sólo
un 0,7 por ciento entre 1996 y 1999, y 2000 y 2002; y la proporción
de mujeres en puestos de dirección, en unos 60 países,
osciló entre un 20 y un 40 por ciento.
Los datos muestran que, en general, en países
de América del Norte, América del Sur y Europa
Oriental la proporción de mujeres en puestos de dirección
es superior a la de países en Asia Oriental, Asia Meridional
y Oriente Medio. No obstante, el informe indica que en los
sectores predominantemente femeninos en los que hay más
mujeres en puestos de dirección, un número desproporcionado
de hombres accede a puestos de alta dirección y en
las profesiones normalmente reservadas a los hombres, es raro
encontrar a mujeres en puestos de dirección.
En el estudio, la OIT señala que "los
hombres caen en la pobreza debido a la pérdida del
empleo o a la merma en los ingresos y la calidad del mismo.
En cambio, la dinámica de la pobreza femenina está
relacionada también con las restricciones que la vida
familiar impone al trabajo de las mujeres. Ellas comparten
con los hombres provenientes de hogares de bajos ingresos
el mismo tipo de dificultades para la obtención de
empleos capaces de generar recursos suficientes que aseguren
niveles adecuados de calidad de vida. Pero las mujeres pueden
caer también en la pobreza, por ejemplo, como consecuencia
de una separación o un divorcio".