NO a la Violencia
15 de noviembre de 2005
La violencia por motivos
de género es una de las violaciones a los derechos
humanos más vergonzosa y, mientras persista, no podemos
pretender que avanzamos hacia la igualdad, el desarrollo y
la paz. El 25 de noviembre, Día Internacional de
la No Violencia contra las Mujeres, es un llamamiento
a la acción en favor del sinfín de mujeres de
todo el mundo cuya vida diaria se ve marcada por la violencia
y los malos tratos. El asesinato de mujeres por razones asociadas
a su género, es la máxima expresión de
violencia contra la mujer. Por eso, decimos NO a la violencia.
Actividades de comunicación masiva,
programas radiales y televisivos, conferencias y comunicados
de prensa, publicación de artículos, spots publicitarios
en medios de comunicación, talleres con sobrevivientes
de violencia de género, marchas, jornadas informativas,
charlas, proyecciones de videos y seminarios, serán
las actividades que desarrollarán las organizaciones
de mujeres durante ese día en todo el mundo.
Según el informe sobre Violencia y
Salud de la Organización Mundial de la Salud
señala que los maridos, ex cónyuges, novios
o convivientes son responsables de la mitad de las muertes
violentas de mujeres en el mundo. En algunos países,
el porcentaje de mujeres asesinadas por sus parejas llega
al 70 por ciento. Otras estadísticas señalan
que a nivel global, el femicidio es la sexta causa de muerte
de mujeres entre los 15 y 49 años, siendo el caso más
significativo el de Ciudad Juárez.
Por su parte, la Organización Panamericana
de la Salud (OPS) destacó que en América una
de cada tres mujeres es víctima de la violencia, el
33 por ciento reporta haber sufrido abuso sexual y el 45 por
ciento reconoce recibir amenazas por parte de sus parejas.
Aunque no es un problema reciente, las estadísticas
revelan que erradicar la violencia de género sigue
siendo una asignatura pendiente para los países de
la región.
El problema de la creciente violencia contra
mujeres y niñas en los conflictos armados es igualmente
grave. Las mujeres han realizado en las últimas décadas
numerosas campañas a niveles nacionales, regionales
y mundiales para avanzar en la protección de sus derechos
humanos, incluyendo el derecho a la salud. En el siglo XX,
a nivel local, regional e internacional las mujeres hemos
trabajado arduamente para lograr el respeto y la plena vigencia
de nuestros derechos, y para que estos sean reconocidos como
derechos humanos. El inicio del siglo XXI nos encuentra inmersas
en esta tarea.
Las mujeres tienen derecho a vivir una vida
libre de violencias. Esta violencia siempre ha tenido un impacto
severo en su salud física y mental y debe considerarse
como un problema de salud pública de primera prioridad.
Las mujeres deben tener acceso a la información y orientación
respecto a leyes e instrumentos que las protegen y cómo
utilizarlos. Las mujeres que sufren agresiones deben ser acogidas
con prontitud, sensibilidad y empatía por las distintas
instancias encargadas de su atención.
La campaña trianual 2005-2007 que coordina
la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe
constituye una denuncia a toda forma de violencia contra las
mujeres, implica la decisión de proteger la salud integral
de las mujeres a lo largo de todo su ciclo vital, y defiende
la paz como condición central de la vida, integridad
y salud de las mujeres y de la población en general.
Hay que identificar y denunciar las distintas
expresiones de violencia basadas en el género, difundir
las leyes e instrumentos que protegen y cautelan los derechos
de las mujeres y articular a las organizaciones de mujeres
de la región para que se pronuncien sobre la aplicación
de los instrumentos internacionales alusivos.
Por ello, debemos exigir a los gobiernos el
compromiso de trabajar en la prevención, sanción
y erradicación de la violencia contra las mujeres,
y la atención integral a las mujeres agredidas, incluyendo
la reparación de daños (atención psicológica,
prevención del contagio de ITS/VIH/SIDA, acceso al
aborto legal y seguro).
La violencia basada en el género debe
ser enfrentada a partir de un enfoque multidisciplinario y
multisectorial. Su erradicación debe constituir, además,
un compromiso de la sociedad en su conjunto.