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Entre el derecho y la moral
15 de septiembre de 2005
Para responder a la pregunta sobre si el aborto
es moralmente aceptable tenemos necesariamente que responder,
en forma previa, a la pregunta de si el feto es o no persona
y si sus derechos pueden llegar a rebasar los derechos de
la mujer a decidir sobre su propio cuerpo y sobre su vida
como persona. La necesidad de ofrecer respuesta a tal interrogante
desde una perspectiva por el derecho a decidir, es de carácter
urgente tanto desde el punto de vista moral como político.
Aún hoy, para la Iglesia no existen
dudas cuando afirma que el embrión y el feto son personas
dotadas de cuerpo y alma, aunque se discute entre sus miembros
cuándo y en qué momento exactamente se junta
el alma al cuerpo. La pregunta es si no es hora ya de tratar
de combinar los derechos y la moral, de considerar tanto a
las mujeres como a la vida humana en desarrollo.
La Campaña "28 de Septiembre"
se propone generar las condiciones
para lograr el acceso a abortos seguros, legales y con calidad
de atención en todos los países de América
Latina y el Caribe. Es un espacio de articulación política
del movimiento feminista que promueve el debate público
y político, la
ampliación de bases y consenso social, como también
de cambios jurídicos que contribuyan a la transformación
cultural y social.
Legislar basándose únicamente
en las creencias de uno de los grupos que conforman la comunidad
es desconocer los derechos de los otros grupos que no participan
de esas creencias, que tienen creencias distintas, que interpretan
sus creencias en forma diferente, que son agnósticos
o ateos, y cuyos derechos tienen que tener igual presencia
ante la ley.
Hay muchos países donde el aborto se
califica todavía como un hecho pecaminoso y se aplican
medidas punitivas con base en el Código Penal, obligando
a las mujeres a buscar recursos clandestinos con grave peligro
para
sus vidas y su integridad física. El resultado es un
elevado índice de muertes y complicaciones cuya responsabilidad
recae íntegramente en el Estado.
Existen por lo menos tres valores centrales
que necesitan incorporarse al debate público del aborto:
el derecho humano de las mujeres a decidir si desean llevar
a
término o no un embarazo; el respeto a la vida, incluyendo
la vida fetal; y el compromiso que garantice que las medidas
que permiten terminar con una vida (ya sea animal o vegetal)
no dañen el tejido social ni las actitudes de las personas
ni las actitudes hacia la vida humana en desarrollo.
El aborto ha acompañado a la humanidad
a través de su historia, hasta llegar a nuestra época,
cuando su incidencia se ha incrementado por la conjugación
de factores sociales, económicos y políticos
complejos que están ejerciendo una gran presión
sobre el ser humano y particularmente sobre la mujer.
¿Qué razón hay para obligar
a la mujer que no lo desea, a tener un hijo con graves defectos
morfológicos, metabólicos o de cualquier orden
hoy diagnosticables en el embrión y en el feto?
Uno de los objetivos de Católicas por
el Derecho a Decidir en América Latina y en el mundo
es el de ofrecer información y orientación a
los tomadores de decisiones, legisladores y funcionarios públicos
acerca de que el aborto inseguro es un problema de salud pública;
que la penalización del aborto no evita su práctica;
que no es justo que los estados impongan la maternidad a una
mujer; que el aborto inseguro es un asunto de derechos humanos
y de justicia social, ya que son las mujeres más pobres
las que se mueren por causa de un aborto practicado en condiciones
inseguras.
De acuerdo con la Organización Panamericana
de la Salud (OPS), el aborto constituye la segunda causa de
muerte materna en Colombia. Una de cada 4 de nuestras mujeres
abortan por distintas razones, y, en distintas épocas
de su vida.
Se practican casi medio millón de abortos por año
y el 20 por ciento de las muchachas menores de 19 años
llega a las salas de maternidad, algunas de ellas con edades
que fluctúan entre los 11 y los 15 años, y con
frecuencia llegan solas y abandonadas a su suerte.
Para las católicas una de las preguntas
esenciales en el discernimiento y la ponderación de
todos los factores en torno al aborto, tendrá que ser
¿cuántas
posibilidades hay de humanizar la vida en desarrollo? La respuesta
no es sencilla ni individual; es profundamente compleja y
social.
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