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La violencia del fundamentalismo
15 de agosto

Millones de mujeres en todo el mundo son víctimas de la violencia de sociedades tradicionalistas fundadas en principios religiosos. En India miles de mujeres mueren quemadas a causa de instituciones como la dote. Otras tantas son asesinadas en Pakistán debido a la práctica del "código de honor". La violencia "bendecida por la divinidad" promueve el asesinato de mujeres musulmanas en Irán, Argelia, Somalia, Paquistán, Bangladesh, Kurdistán y Afganistán, por los motivos más absurdos que se puedan imaginar.

En América, la ofensiva fundamentalista católica para el control de la sexualidad impide el avance en políticas que beneficiarían a millones de mujeres que hoy son víctimas. Es curioso constatar que los gobiernos de los Estados Unidos y de Afganistán fueron los únicos que hasta hoy no firmaron la Convención de las Naciones Unidas para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer - CEDAW. Curiosamente también, en la ONU, cuando el tema en cuestión son los derechos sexuales y reproductivos, el gobierno de George W. Bush comienza a hacer alianzas con los países musulmanes y con el Vaticano.

La activista norteamericana Suzanne Pharr, fundadora del Proyecto de Mujeres en Arkansas, directora del Centro Highlander en New Market/Tennessee y autora de "Homofobia: una arma del sexismo" y "En el tiempo del derecho: reflexiones de liberación" señala que los fundamentalistas creen que si somos dueños/as y controlamos nuestros propios cuerpos, nuestra sexualidad y nuestras relaciones familiares, la jerarquía patriarcal se derrumbará en pedazos y con ella se debilitarán otras formas de dominio.

La activista afgana Mariam Rawi , integrante del Comité Cultural de Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA) da clases en escuelas dentro de los campos de refugiados, diseña y publica una revista periódica "Mensaje de una mujer" y ha recolectado testimonios de mujeres para incluir en sus publicaciones y denunciar su situación. Rawi describe la destrucción que produjeron los fundamentalistas talibanes en ese país cuando hombres y mujeres fueron privados de los más elementales derechos. "Nosotras no peleamos por iguales derechos para hombres y mujeres, peleamos para que las mujeres sean reconocidas como seres humanos en Afganistán y para poner fin al régimen de los fundamentalistas".

Vivian Imogbo es socióloga, vive en Emugu, zona violenta y rural de Nigeria e integra la organización de mujeres del Estado del Norte de Cross River, en Calabar. A los 12 años su familia le tendió una trampa para hacerla entrar al cuarto donde mutilarían sus genitales. "Me sostuvieron varias mujeres. El encargado de la circuncisión me cortó con un objeto cortante llamado 'acada'. Sangré muchísimo y las mujeres limpiaron la sangre con un trapo sucio. Me negué a que me consolaran porque me sentí traicionada."A fines de la década del ´90 la socióloga regresó a su país movilizada y sensibilizada con otras mujeres de base y empezaron a trabajar para que se promulgara una ley para prohibir la mutilación genital. "Estoy contenta de decir que nuestra campaña de sensibilización y advocacy tuvo sus frutos porque en el 2000, la Asamblea del Estado de Cross River presentó una ley que prohibe los matrimonios de niñas y la circuncisión o mutilación femenina en ese estado. Actualmente estamos trabajando muy duramente para una efectiva implementación de esa ley".

Los seres humanos quieren y necesitan concretar relaciones íntimas, verdaderamente afectivas y placenteras, igualitarias, basadas en el respeto, en el cuidado y en la confianza mutua. En este nuevo milenio, la humanidad debe ser capaz de construir espacios colectivos a favor de un "nosotros" inclusivo, plural, cambiante, y no exento de conflicto. Esta es la dimensión básica de una tarea política alternativa que plantea que otro mundo es posible.

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