Viernes, 21 de Noviembre de 2008
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Sobre lo fundamental
1 de agosto

Cuando alguien pone una, dos, tres bombas y las hace estallar en medio de cientos de personas inocentes, como ocurrió hace días en Londres, cómo no condenar a los fundamentalismos. Sin embargo, sería reduccionista pensar que son los grupos islámicos los únicos fundamentalistas.
En el nombre de Dios el fundamentalismo religioso está presente en distintas doctrinas: el judaísmo, el islamismo y el catolicismo. Todos quieren controlar, silenciar, cercenar; aceptan la violencia sobre el otro, especialmente sobre las mujeres.
Tal vez tener la posibilidad de hablar, la posibilidad de expresar a través de la palabra, sea uno de los símbolos más fuertes de la independencia de un ser humano. Por eso una boca es el símbolo de la Campaña Contra los fundamentalismos, lo fundamental es la gente, impulsada en todo el mundo por organizaciones de derechos humanos y movimientos de mujeres, en la que Católicas por el Derecho a Decidir participa activamente.
Fundamentalismo remite a guerra, a terrorismo, a actos osados e individuales. Pero no es sólo eso. Hay fundamentalismos científicos, culturales, religiosos y económicos. Aunque, básicamente, el fundamentalismo siempre es político. "Prosperan en sociedades que niegan a la humanidad en su diversidad, y que legitiman mecanismos violentos de sujeción de un grupo sobre otro, de una persona sobre otra. Esencialmente excluyentes y belicosos, los fundamentalismos minan la edificación de un proyecto de Humanidad donde todas las personas tengan derecho a tener derechos, sacrificando, en el colmo de la perversidad, la vida de las mujeres", dice el documento de la campaña (www.mujeresdelsur.org.uy).
Lo que caracteriza a los fundamentalismos de todo tipo es su avance sobre la sexualidad femenina. ¿No es el mercado otro Dios que emerge con derechos sobre el cuerpo de las mujeres transformándolo en objeto?
No por casualidad el mercado y la religión suelen estar hermanadamente juntos. Ambos presentan su visión de la vida como una verdad única. Ambos intentan imponer por la fuerza esa visión sobre los otros. Ambos niegan la diversidad de criterios, valores y modos de vida. Ambos intentan controlar los cuerpos de las mujeres. O qué es sino la negación de los derechos sexuales y reproductivos, tanto de parte del Vaticano como del gobierno de George Bush.
"Es curioso --dice el documento-que los gobiernos de los Estados Unidos y de Afganistán fueron los únicos que hasta hoy no firmaron la Convención de las Naciones Unidas para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). Curiosamente también, en la ONU, cuando el tema en cuestión son los derechos sexuales y reproductivos, el Gobierno de George W. Bush comienza a hacer alianzas con os países musulmanes y con el Vaticano".
Por eso la propuesta de la campaña es dejar de tener una visión ingenua sobre los fundamentalismos, iniciar un proceso de constante vigilancia y autocrítica para reconocer que lo universal suele remitir a una visión del mundo que se ha impuesto sobre otra -la de hombres blancos, heterosexuales y occidentales-y construir alternativas sustentables a esos modos de violencia.
Para comenzar, incita no sólo a denunciar cualquier expresión del fundamentalismo sino a combatir el "pequeño e indeseable fundamentalista" que llevamos dentro.
"Es necesario que la construcción de la ciudadanía global sea alimentada por la posibilidad de imaginar un futuro donde todas las personas tengan futuro. En este nuevo milenio, la humanidad debe ser capaz de construir espacios colectivos para que las diversas identidades participen de la construcción de un 'nosotros' inclusivo, plural, cambiante, y no exento de conflicto", concluye el documento.
En eso estamos.

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