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Sobre lo fundamental
1 de agosto
Cuando alguien pone una, dos, tres bombas y las hace estallar
en medio de cientos de personas inocentes, como ocurrió
hace días en Londres, cómo no condenar a los
fundamentalismos. Sin embargo, sería reduccionista
pensar que son los grupos islámicos los únicos
fundamentalistas.
En el nombre de Dios el fundamentalismo religioso está
presente en distintas doctrinas: el judaísmo, el islamismo
y el catolicismo. Todos quieren controlar, silenciar, cercenar;
aceptan la violencia sobre el otro, especialmente sobre las
mujeres.
Tal vez tener la posibilidad de hablar, la posibilidad de
expresar a través de la palabra, sea uno de los símbolos
más fuertes de la independencia de un ser humano. Por
eso una boca es el símbolo de la Campaña
Contra los fundamentalismos, lo fundamental es la gente,
impulsada en todo el mundo por organizaciones de derechos
humanos y movimientos de mujeres, en la que Católicas
por el Derecho a Decidir participa activamente.
Fundamentalismo remite a guerra, a terrorismo, a actos osados
e individuales. Pero no es sólo eso. Hay fundamentalismos
científicos, culturales, religiosos y económicos.
Aunque, básicamente, el fundamentalismo siempre es
político. "Prosperan en sociedades que niegan
a la humanidad en su diversidad, y que legitiman mecanismos
violentos de sujeción de un grupo sobre otro, de una
persona sobre otra. Esencialmente excluyentes y belicosos,
los fundamentalismos minan la edificación de un proyecto
de Humanidad donde todas las personas tengan derecho a tener
derechos, sacrificando, en el colmo de la perversidad, la
vida de las mujeres", dice el documento de la campaña
(www.mujeresdelsur.org.uy).
Lo que caracteriza a los fundamentalismos de todo tipo es
su avance sobre la sexualidad femenina. ¿No es el mercado
otro Dios que emerge con derechos sobre el cuerpo de las mujeres
transformándolo en objeto?
No por casualidad el mercado y la religión suelen estar
hermanadamente juntos. Ambos presentan su visión de
la vida como una verdad única. Ambos intentan imponer
por la fuerza esa visión sobre los otros. Ambos niegan
la diversidad de criterios, valores y modos de vida. Ambos
intentan controlar los cuerpos de las mujeres. O qué
es sino la negación de los derechos sexuales y reproductivos,
tanto de parte del Vaticano como del gobierno de George Bush.
"Es curioso --dice el documento-que los gobiernos de
los Estados Unidos y de Afganistán fueron los únicos
que hasta hoy no firmaron la Convención de las Naciones
Unidas para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación
contra la Mujer (CEDAW). Curiosamente también, en la
ONU, cuando el tema en cuestión son los derechos sexuales
y reproductivos, el Gobierno de George W. Bush comienza a
hacer alianzas con os países musulmanes y con el Vaticano".
Por eso la propuesta de la campaña es dejar de tener
una visión ingenua sobre los fundamentalismos, iniciar
un proceso de constante vigilancia y autocrítica para
reconocer que lo universal suele remitir a una visión
del mundo que se ha impuesto sobre otra -la de hombres blancos,
heterosexuales y occidentales-y construir alternativas sustentables
a esos modos de violencia.
Para comenzar, incita no sólo a denunciar cualquier
expresión del fundamentalismo sino a combatir el "pequeño
e indeseable fundamentalista" que llevamos dentro.
"Es necesario que la construcción de la ciudadanía
global sea alimentada por la posibilidad de imaginar un futuro
donde todas las personas tengan futuro. En este nuevo milenio,
la humanidad debe ser capaz de construir espacios colectivos
para que las diversas identidades participen de la construcción
de un 'nosotros' inclusivo, plural, cambiante, y no exento
de conflicto", concluye el documento.
En eso estamos.
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