Viernes, 21 de Noviembre de 2008
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Gestos
15 de julio

Meses atrás comentábamos que el sacerdote mexicano Marcial Maciel, acusado de haber cometido abuso contra sus seminaristas durante años, fue absuelto por el Vaticano. La semana pasada se conoció que el obispo castrense argentino Antonio Baseotto, quien insinuó que al ministro de Salud había que colgarle una piedra al cuello y arrojarlo al mar, será recibido por el mismísimo Joseph Ratzinger. Al mismo tiempo, en Brasil, la profesora Regina Soares Jurckewick fue despedida de su trabajo por escribir un libro en el que devela cómo la jerarquía eclesiástica encubre a los curas abusadores.
Lamentablemente, los últimos gestos de la Iglesia Católica en América Latina y del propio Vaticano van en el mismo sentido y son bastante poco alentadores para quienes pensamos que se debe encarar un profundo debate sobre temas cruciales para lograr una Iglesia Católica más justa.
Otro gesto de firmeza fue el marcado por jerarquía italiana en contra del referéndum popular votado en junio para abolir en gran parte la ley de inseminación artificial, una de las más restrictivas de Europa.
Son gestos que no hacen más que confirmar lo que se esperaba del sucesor de Juan Pablo II. Como aquél, sus primeros pasos relegan cuestiones como el sacerdocio de la mujer y la abolición del celibato. Y como aquél, sigue apañando a los curas abusadores de todo el mundo católico. También continúa sin dar respuestas a la pandemia del VIH-SIDA, rechazando el uso del preservativo como anticonceptivo y fomentando la falacia de la abstinencia sexual como única medida para evitar embarazos y enfermedades de trasmisión sexual.

CDD-México ha hecho varias reflexiones a partir del despido de Soares Jurckewick que bien valen para la situación general de la Iglesia Católica. "Nos duele y nos llena de indignación que nuestra compañera Regina Soares esté sufriendo el castigo de perder su trabajo por defender una de las causas más justas de los últimos años, una de las deudas más sensibles que la jerarquía de la Iglesia Católica tiene con su feligresía", ha dicho María Consuelo Mejía en una carta enviada al rector del Instituto de Teología, en el que Soares trabajaba hacía 8 años.
Lo que duele, más allá de este caso puntual, es que la jerarquía permanezca tan ajena a las causas justas y que invoque el poder divino para ocultar delitos de magnitud y acallar a quienes se animan a descorrer el velo de acciones non sanctas.
Son gestos que confirman lamentablemente la falta de apertura de la Iglesia Católica y la imposibilidad de abrir el diálogo para superar las contradicciones internas, que son en definitiva las que están socavando la credibilidad del catolicismo.

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