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Gestos
15 de julio
Meses atrás comentábamos que el sacerdote mexicano
Marcial Maciel, acusado de haber cometido abuso contra sus
seminaristas durante años, fue absuelto por el Vaticano.
La semana pasada se conoció que el obispo castrense
argentino Antonio Baseotto, quien insinuó que al ministro
de Salud había que colgarle una piedra al cuello y
arrojarlo al mar, será recibido por el mismísimo
Joseph Ratzinger. Al mismo tiempo, en Brasil, la profesora
Regina Soares Jurckewick fue despedida de su trabajo por escribir
un libro en el que devela cómo la jerarquía
eclesiástica encubre a los curas abusadores.
Lamentablemente, los últimos gestos de la Iglesia Católica
en América Latina y del propio Vaticano van en el mismo
sentido y son bastante poco alentadores para quienes pensamos
que se debe encarar un profundo debate sobre temas cruciales
para lograr una Iglesia Católica más justa.
Otro gesto de firmeza fue el marcado por jerarquía
italiana en contra del referéndum popular votado en
junio para abolir en gran parte la ley de inseminación
artificial, una de las más restrictivas de Europa.
Son gestos que no hacen más que confirmar lo que se
esperaba del sucesor de Juan Pablo II. Como aquél,
sus primeros pasos relegan cuestiones como el sacerdocio de
la mujer y la abolición del celibato. Y como aquél,
sigue apañando a los curas abusadores de todo el mundo
católico. También continúa sin dar respuestas
a la pandemia del VIH-SIDA, rechazando el uso del preservativo
como anticonceptivo y fomentando la falacia de la abstinencia
sexual como única medida para evitar embarazos y enfermedades
de trasmisión sexual.
CDD-México ha hecho varias reflexiones a partir del
despido de Soares Jurckewick que bien valen para la situación
general de la Iglesia Católica. "Nos duele y nos
llena de indignación que nuestra compañera Regina
Soares esté sufriendo el castigo de perder su trabajo
por defender una de las causas más justas de los últimos
años, una de las deudas más sensibles que la
jerarquía de la Iglesia Católica tiene con su
feligresía", ha dicho María Consuelo Mejía
en una carta enviada al rector del Instituto de Teología,
en el que Soares trabajaba hacía 8 años.
Lo que duele, más allá de este caso puntual,
es que la jerarquía permanezca tan ajena a las causas
justas y que invoque el poder divino para ocultar delitos
de magnitud y acallar a quienes se animan a descorrer el velo
de acciones non sanctas.
Son gestos que confirman lamentablemente la falta de apertura
de la Iglesia Católica y la imposibilidad de abrir
el diálogo para superar las contradicciones internas,
que son en definitiva las que están socavando la credibilidad
del catolicismo.
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