Introducción
Las últimas dos décadas han sido
decisivas para la conformación de una nueva
sociedad en Bolivia. Múltiples elementos
contribuyeron a ello, como ser los procesos de globalización,
las reformas estructurales, la crisis económica,
programas de reajuste, etc. Estos procesos han significado
para Bolivia la reconstrucción identitaria
con parámetros distintos que van conformando
a la nación. La gente navega en distintas
realidades, virtuales y reales, desde una identidad
propia que se va transformado pero que a su vez
se reafirma y reconstituye sin cesar. En este ensayo
nos preguntamos ¿cuál debe ser el
rol del Estado ante este proceso gigantesco de transformación?
Esta pregunta que parece ambigua y general será
abordada desde una problemática particular,
que es el tema religioso. En Bolivia la relación
entre Estado, religión e Iglesia ha estado
íntimamente ligada, para bien o para mal.
Es evidente que la identidad cultural boliviana
se fundó en aspectos religiosos que hasta
hoy juegan un rol preponderante en la vida nacional;
de hecho, como se ha narrado en distintos trabajos,
el boliviano, incluso cuando está en el extranjero,
reconstruye sus lazos e identidades en las fiestas
culturales y religiosas que organizan los grupos
migrantes.
Esta
fortaleza en la relación religión-Estado
se vio claramente asumida en la Constitución
Política del Estado, que en su artículo
tercero afirma que el Estado reconoce y sostiene
a la religión católica aunque garantiza
el ejercicio público de otros cultos. Este
artículo plasmó claramente varios
siglos de relación entre una sociedad religiosa
y su Estado, relación que hoy ha entrado
en crisis. Es evidente que existe cierta armonía
entre, por un lado, las disposiciones subjetivas
y simbólicas de la población, y
por otro lado las formas legales del funcionamiento
social. Una no puede sobrevivir sin la otra. Las
formas jurídicas reflejan maneras de pensar
y de comportarse. Lo jurídico es
un sistema de significados compartidos, ligado
directamente al proceso de construcción
de lo social. Por tanto aunque lo dominante marca
los límites de la transformación
del sistema, la conciencia jurídica juega
un rol activo en la agencia y la transformación
social.
Al hablar aquí del tema
religioso no sólo nos enfrentamos a este
campo, sino en general estamos aludiendo a lo
que vendría a ser la manera cómo
se tiene que conformar una sociedad con una legislación
que responda a las necesidades sociales y simbólicas
de la población. Un tratamiento similar
se podría hacer con otros elementos. Es
claro que una verdadera transformación
social es aquella que logra equilibrar los cambios
globales con la subjetividad de la gente. Existe
directa relación entre los cambios socio-políticos
y las percepciones, actitudes y emociones de la
población. De hecho no se puede pensar
en un cambio en las estructuras sociales, si no
hay un eco en las disposiciones simbólicas;
así como no hay cambios en las estructuras
simbólicas de la gente sin que el contexto
global permita los cambios. Por eso para transformar
una situación social, no es suficiente
controlar los poderes políticos y las prioridades
del campo económico; hay que transformar
también la lógica cultural implícita
alrededor de los individuos que construyen su
identidad cultural y social.
Conocer las estructuras mentales
es la única manera de no errar en la política
pública. Cuando alguna reforma tiene éxito
es precisamente porque logró conjugar política
pública con disposición subjetiva.
Hoy, estamos en un momento en el cual la subjetividad
nacional puede proponer un Estado laico que no
esté vinculado a una religión particular.
La subjetividad religiosa se ha transformado.
La hipótesis de trabajo es que la estructura
simbólica que sostenía el artículo
tercero de la Constitución donde se favorecía
a la Iglesia Católic, se ha desvanecido.
Hoy se vive una nueva situación social
que impone una reforma de la Constitución
donde se establezca igualdad para los distintos
cultos. Este es el momento en el cual se debe
optar por la construcción de un Estado
laico que sea el que rija las relaciones y los
comportamientos de los bolivianos. Esto implica
el fortalecimiento de los metavalores constituyentes
de la nación más allá de
intereses sectoriales. El denominativo "Unidad
en la diversidad", largamente planteado por
los movimientos indígenas y asumido como
eje de la democracia moderna nacional, tiene que
ser aplicado a la cuestión religiosa, hoy
somos diversos en nuestras creencias, y debemos
estar unidos no por una Iglesia sino por la nación.
Sólo así se podrá tener una
sociedad igualitaria donde la tolerancia hacia
el otro y sus creencias, basadas en mandatos constitucionales,
estén por encima de alguna doctrina religiosa.
Este es un tema pendiente e ineludible para el
mejor funcionamiento de la democracia boliviana
en el siglo que se inicia. Esta idea se sostiene
básicamente en el hecho de que se agotó
un modelo estatal y toca construir uno nuevo en
el cual la legislación con respecto a las
religiones sea moderna, igualitaria y tolerante.
Esta será la única manera de enfrentar
el problema religioso en el siglo que apenas comienza.
Para la argumentación, es necesario recorrer
tres elementos que parecen centrales en la formación
de la nueva nación y que son la base de
la propuesta de reformar la relación Constitución
Política del Estado y la religión:
Bolivia en la globalización, el aporte
de los movimientos indígenas a la última
Reforma Constitucional y su relación con
la cuestión religiosa y la crisis simbólica
del sistema religioso católico. En el texto
veremos cómo estos aspectos confluyen en
la necesidad de Reforma Estatal. La globalización
y la reconfiguración del Estado La descomposición
de los Estado-nación y la consiguiente
búsqueda de nuevas identidades, ha puesto
en el centro del debate el tema de la modernidad
y las creencias religiosas. En Bolivia vivimos
un momento de inserción global donde hay
una relativa pérdida de la soberanía
del Estado-nación, que debe someterse a
los poderes que lo sobrepasan en la escala mundial;
en la globalización las demandas y posibilidades
de las naciones van más allá de
las fronteras .
Esto implica la redefinición
del papel del Estado y sus mandatos. En las décadas
pasadas el Estado fue percibido por los movimientos
sociales y la sociedad civil en general como el
único productor de sociedad, y las elites
como las fuerzas negativas sustentadoras del orden
social. Hoy, esta orientación totalizante
ha entrado en crisis y se tiene un nuevo escenario,
se atraviesa por un momento de inflexión
con la emergencia de nuevas prácticas y
orientaciones sociales .
El nuevo horizonte de la acción
sociocultural ya no está centrado en el
poder del Estado (sea para transformar, redefinir
o participar de él), hoy los conflictos
están enmarcados en las relaciones cotidianas
y las subjetividades. En esta dirección
la religión está en el centro del
debate. Por ello se impone una redefinición
del Estado donde éste pueda involucrar
a todos los participantes de la nación.
El proceso de modernización boliviana ha
modificado las relaciones Estado-sociedad, sociedad-política,
Estado-religión, y trae nuevamente el tema
religioso. Caben las siguientes preguntas: ¿Cómo
construir la identidad boliviana en un mundo global?
¿Cómo se deben regular las religiones
en una sociedad moderna? ¿Cuál tiene
que ser el rol del Estado frente a las religiones?
¿Cómo se deben establecer las relaciones
Iglesias-Estado? Como lo ha señalado el
informe del PNUD sobre Bolivia frente a la Globalización
, estamos viviendo un mundo donde las fronteras
nacionales se diluyen, y la identidad boliviana
sólo podrá ser fuerte si es tolerante
y flexible respecto de su misma identidad nacional
interna .
Esta flexibilidad tiene que plasmarse
en primera instancia en un Estado que acepte de
igual manera a las distintas creencias y cultos.
Lo que se debe sobrevalorar hoy es una identidad
construida sobre la base de metavalores laicos
que sean los que, en el interior representen un
mecanismo de cohesión, y en el exterior
una forma de identidad. El Estado boliviano en
la globalización no puede ser un Estado
confesional, sino laico, que se relacione con
los demás basado en su propia identidad
y no en un culto particular. Esto introduce el
tema de lo público, y el Estado como un
gestor y administrador del espacio público
donde todos se pueden encontrar sin distinción
de credo. Dicha labor debe tener como base valores
universales, y no necesariamente religiosos. De
la nación multiétnica y pluricultural
a la nación pluri-religiosa:
el aporte de los movimientos indígenas
La cultura indígena fue negada durante
siglos en la construcción de la nación
boliviana. El artículo tercero es, ante
todo, la negación de la posibilidad de
creer en algo distinto a la religión oficial,
y es, por tanto, la anulación de la creencia
del otro, en este caso, el indígena. Es
un legado de la cultura colonial. La cultura totalizadora
trajo consigo la visión de anular cualquier
posibilidad de lo diferente. Lo que se ve claramente
en las formas jurídicas que rigieron la
nación. Los pueblos indígenas fueron
quienes más sufrieron la discriminación
legal en sus distintos ámbitos: religioso,
lingüístico, cultural. Quizás
por esa razón fueron ellos los principales
gestores de la Reforma Constitucional de 1994
donde lograron introducir, en el artículo
primero, que Bolivia es libre, independiente,
soberana, multiétnica y pluricultural,
constituida en República, adopta para su
gobierno la forma democrática representativa,
fundada en la unión y la solidaridad de
todos los bolivianos, y en el artículo
171 se establece que se respetan y protegen los
derechos de los pueblos indígenas, reconociéndoles
personería jurídica y la posibilidad
de que las autoridades naturales indígenas
ejerzan funciones de administración y aplicación
de normas propias como solución de alternativa
de conflictos. Luego de tremendos logros de los
movimientos indígenas, la pregunta es ¿Dónde
quedó el problema religioso? ¿Por
qué en sus demandas no vemos ninguna alusión
al artículo tercero de la Constitución?
¿Por qué la crítica del Estado
católico viene más bien de los nuevos
movimientos religiosos y no de las peticiones
indígenas? Es claro que los movimientos
indígenas no vieron como un problema el
tema religioso. De hecho ya lo habían solucionado
con aquella transacción simbólica
que permitía, dentro de la cultura católica,
la convivencia de formas religiosas indígenas.
El grupo que promulga una religión indígena
pura es muy minoritario, lo que sí vemos
es la vitalidad de estas expresiones en la vida
cotidiana .
También hay que decir que,
estratégicamente, resultaba muy delicado
introducir el factor religioso como una demanda
indígena, en un mismo paquete con otros
elementos que no estaban solucionados. En todo
caso, la pregunta es pertinente. Sólo un
Estado laico, donde las creencias religiosas diversas
(sea católica o indígena) estén
regidas bajo las leyes de la nación, puede
garantizar que el eco colonial de discriminación
étnica y religiosa sea borrado del país.
El paso para el frente es de la nación
multiétnica y pluricultural
a la nación plurireligosa.
La gran transformación religiosa . Durante
casi cinco siglos, en Bolivia, la relación
con lo sagrado estuvo monopolizada por el catolicismo.
Cualquier tipo de representación divina
atravesaba la Iglesia Católica, y se vivía
un monopolio de la salvación que concentraba
en una doctrina todo tipo de contacto con lo divino.
A su vez, era su responsabilidad crear el sentido
religioso y la producción y conservación
del habitus religioso . Se puede
decir que estos largos años primó
en el ethos cultural boliviano una estructura
simbólica que, a partir de lo católico,
podía incorporar otros elementos, notablemente
el factor indígena. Ante la fuerza cultural
nativa, se abrieron básicamente tres escenarios
donde era posible la acción religiosa:
el mundo propiamente católico (y no indígena),
el mundo indígena y no católico,
y el espacio indígena y católico
a la vez. Cada campo tuvo su manera de funcionar
independientemente, pero a su vez de forma complementaria;
es decir que un creyente común no encontró
contradicción en transitar de un lugar
a otro, todas las opciones simbólicas le
servían según sus necesidades. La
cultura católica boliviana se presentaba
hacia adentro con mucha flexibilidad con sus fieles,
permitiendo, de manera no racional ni planificada,
espacios sincréticos muy intensos. Pero
hacia fuera era imposible pensar en alguna expresión
religiosa fuera de lo católico. De hecho
el espacio de lo no indígena ni católico
era prácticamente impensable, o extremadamente
marginal. Este esquema se resquebrajó a
partir de los años 50, cuando empezó
el impresionante crecimiento de los nuevos movimientos
religiosos no católicos. De hecho si en
1900 había 6.400 protestantes, para 1990
ya había 30.000.000 en el Mundo.
En el caso boliviano el porcentaje de no católicos
en el país creció del 1.49% en 1901
al 19.32% en 1992 . Pero más allá
de la cuestión numérica, lo que
llama la atención es el agotamiento de
la Iglesia Católica como única detentora
de la mediación con lo sagrado. Como afirma
Jean Pierre Bastián, se ha instaurado una
economía de libre mercado religioso,
donde la oferta religiosa se ha diversificado
y las empresas independientes de salvación
se multiplican . Habíamos dicho que
las legislaciones eran un reflejo de las relaciones
sociales. ¿Qué sentido tiene hoy
mantener un Estado que sostenga y promueva la
religión católica cuando la creencia
ya no se encuentra centralizada en esa empresa
religiosa? ¿Con qué argumentos negar
la solicitud de las nuevas iglesias de modificación
del artículo tercero de la Constitución?
Palabras finales Hemos visto en el transcurso
del documento la necesidad de una reforma en la
dirección de la edificación de un
Estado laico que en su Constitución Política
no reconozca ni sostenga ninguna creencia particular
sino más bien la libertad de cultos. Para
ello, hemos revisado el rol del Estado ante la
globalización, las demandas indígenas
como una puerta de entrada para la construcción
de una sociedad plural, y la crisis del sistema
simbólico religioso católico. Nuestra
intención no ha sido, en ningún
momento, sostener una tesis ni secularista ni
modernista. Como bien lo ha afirmado
Enrique Dussel, la secularización (como
se la vivió en Europa) no tiene nada que
ver con la realidad latinoamericana. Tampoco defendemos
la modernidad como el ingreso de la razón
y el retiro de la religión. Ya lo ha demostrado
Danièle Hervieu-Léger que en la
modernidad la creencia no desaparece, por el contrario,
se transforma, prolifera, se multiplica de distintas
formas. Esto nos lleva a concluir que en Bolivia,
hoy, tenemos un campo religioso particularmente
vigoroso. La cuestión religiosa, lejos
de agotarse, está renaciendo con más
fuerza que nunca. Pero esta situación invita,
necesariamente, a replantear el rol del Estado
frente a una sociedad religiosamente plural, y
no unireligiosa como lo fue durante
varios siglos. Todas las sugerencias del documento,
lejos de cualquier militancia de fe, tratan más
bien de repensar la situación de las relaciones
Estado-religión en un mundo moderno y globalizado.
La conclusión más importante es
que ha llegado el tiempo de que se abra un debate
amplio donde se delibere el tema de la religión,
Estado y sociedad sin prejuicios y en búsqueda
de un acuerdo pactado y aceptado por los distintos
involucrados. En esta deliberación deben
estar representados las iglesias, el Estado y
la sociedad civil. El eje articulador del nuevo
debate debe ser la construcción de una
religión civil laica que esté
fundada en los metavalores constitutivos de la
nación. Como lo ha explicado el Informe
de Desarrollo Humano 2000, estos emblemas son:
por un lado la unión es la fuerza,
idea lanzada por Bolívar y retomada en
la Constitución de la República;
y por otro lado la unidad en la diversidad,
símbolo central de la democracia moderna
boliviana. La nación pluri-religiosa debe
asumir estos elementos más allá
de las creencias particulares, como un punto de
encuentro entre todos los actores, religiosos
o no, que gesten la identidad nacional. Es el
tiempo de reconocer Bolivia como un país
pluri y multi religioso. Véase
GRIMSON Alejandro, La migración boliviana
en la argentina. De la ciudadanía ausente
a una mirada regional , y PAZ SOLDAN Edmundo,
Obsesivas señas de identidad: los bolivianos
en Estados Unidos , en Cuadernos de Futuro, PNUD,
1999. CALLA ORGEGA Ricardo y MOLINA BARRIOS Ramiro,
Los Pueblos indígenas y la Construcción
de una Sociedad Plural, Cuadernos de Futuro PNUD,
1999, p. 3. REMY Jean, VOYE Liliane, SERVAIS Emile,
Produire ou Reproduire , Ed: De Boeck Université.
Bruxelles, 1977, Tomo II, p. 14. CALDERON y Equipo
IDH 2000, Bolivia frente a los desafíos
de la globalización , Cuadernos de Futuro,
PNUD, 1999. CALDERON Fernando, Movimientos sociales
y política. La década de los ochenta
en Latinoamérica , Siglo XXI, México
D.F., 1995, p. 126. CALDERON y Equipo, Op. Cit.,
p.7. Por ejemplo es diferente la situación
de la cultura de origen africano en el Brasil,
que se constituye en un grupo religioso que promulga
y practica un culto particular en el pais. Su
reivindicación religiosa es abierta y explícita.
Resumimos brevemente lo planteado in extenso en
el texto Dilemas Religiosos en Bolivia. World
Christian Encyclopedy , Oxford University Press,
1987. Datos de los censos nacionales de 1901 y
1992 respectivamente. BASTIAN Jean Pierre, La
mutación religiosa en América Latina
, Ed. F.C.E., México D.F., 1997, p. 12.
Véase HERVIEU-LEGER Danièle, La
Religion pour Mémoire , Ed. CERF, París,
1993. La religión civil se la entiende
como un conjunto de actitudes, creencias,
sentimientos, reglas y prácticas, que,
más allá de toda fe,
dan a la sociedad los criterios últimos
de referencia y los valores fundamentales que
permiten la integración de la vida social
y la legitimación de las acciones sociales.
NESTI Arnaldo, Religion civile et identité
des Italiens, en VOYE (Ed.), Figures de
Dieux , Ed. De Boeck Université, Bruxelles,
1996, p.75. Véase el capítulo primero
La Nación Compartida del Informe
de Desarrollo Humano 2000 , PNUD, La Paz, 2000.
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