Empezamos el 2003 en América Latina en medio
de una de las crisis neoliberales más profundas.
Los fantasmas del hambre y la pobreza pasean por
las venas de nuestros países, y la violencia
que éstas generan ponen en vilo a más
de un gobierno. Los conflictos sociales y políticos
de la Argentina han demostrado, con profunda crudeza,
las repercusiones de la debacle económica
que azota a varios países de esta región.
Las grandes masas de desempleados y sin tierra,
de Brasil y Bolivia, hacen tambalear la frágil
estabilidad de estos pueblos y ponen sobre la mesa
problemáticas que exigen soluciones urgentes:
exclusión social, distribución desigual
de la riqueza, corrupción, inestabilidad
democrática y otros que sin duda son compartidos
en diferentes lugares de este sur. La violencia
que lastima a Colombia nos toca certeramente y nos
hace proclamar por la paz.
Mientras tanto, nos estamos quietas;
compartimos experiencias de sobrevivencia que
nos permiten decir que Otro mundo es posibley
nos sumamos a las mujeres de todos los sectores
sociales que, desde sus países, y aunque
todavía en pocos lugares de decisión,
impulsan y sostienen los movimientos de resistencia
y cambio. Particularmente, hacemos referencia
quienes desde el Foro Social Mundial unirán
sus voces y harán escuchar su protesta
en contra de los fundamentalismos una vez más.
En el plano ideológico,
destacamos el inminente avance de la derecha católica
y de sus sectores más conservadores que
copan lugares estratégicos en la salud
y la educación; en este sentido el caso
peruano y su retroceso en el reconocimiento de
los derechos sexuales y derechos reproductivos
es una muestra de la necesidad de mantenernos
alertas y activas. México, a pesar de ser
un Estado laico, no ha podido eludir la creciente
intervención de la jerarquía católica
conservadora en los asuntos públicos, aunque
persiste la consolidación de los derechos
al margen de las presiones basadas en la fe. En
el ámbito mundial, hechos de mucha trascendencia
y dolor cubrieron las portadas de los principales
diarios: desde la violación a monjas en
23 países del mundo, particularmente en
África, hasta las denuncias de la pederastia
que terminaron con renuncia del Cardenal Law,
Obispo de Boston, acusado de haber ocultado las
denuncias por treinta años.
En algunos países de América
Latina, como efecto de lo ocurrido en los EEUU,
se comenzaron a conocer otras denuncias que muestran
a la familia, la escuela y la iglesia como aquellas
instituciones donde niñas y niños
corren más peligro. Las iglesias tienen
una responsabilidad particular al adueñarse
de la imagen de Dios y de su poder simbólico
para cometer dichos abusos. Es por este motivo
que adjuntamos a esta publicación una separata
donde Sara Morello, Anthony T. Padovano y María
Consuelo Mejía nos ayudan a reflexionar
y a denunciar que nos conmueve e indigna
el abuso de poder de la iglesia católica.
Pero ¿quién
dijo que todo está perdido?; hay
avances esperanzadores como el que ocurrió
en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con
la aprobación de Uniones Civiles
que permite a parejas no convencionales anotarse
en un registro para obtener los derechos de las
parejas de hecho. También en Uruguay se
acaba de aprobar en la Cámara de Diputados,
con media sanción, la legalización
del aborto lo que constituye un salto hacia la
vigencia de los derechos reproductivos de las
mujeres de ese país y de la región,
y hacia la mayor legitimidad de la salud sexual
y reproductiva para todas y todos. Aprovechamos
para recordar y reconocer a Cristina Grela y Graciela
Pujol uruguayas pioneras de Católicas por
el Derecho a Decidir.
Otra iniciativa esperanzadora
es el notable impulso que se está dando
a la Campaña por una Convención
por los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos
por parte de varias organizaciones de mujeres
a nivel regional, que apunta a la definición
y protección de dichos derechos por parte
de los Estados y en la cual participa la Red de
Católicas de América Latina desde
sus inicios. A fin de difundir esta campaña,
incluimos una segunda separata que les permitirá
conocer más sobre esta iniciativa.
Por otro lado, estamos convencidas
de que el cambio que planteamos hacia una sociedad
equitativa, justa y respetuosa de todo tipo de
diversidades, no será posible sin la separación
iglesias-Estado como una condición imprescindible
para el reconocimiento de los derechos de las
mujeres, específicamente de sus derechos
humanos, sin intervención de dogmas, sin
únicamente como ejercicio de ciudadanía.
En este número de Conciencia Latinoamericana
asumimos el tema con tanta importancia como la
defensa que hacemos del laicismo, junto a acciones
articuladas con otras redes y grupos de la región.
Finalmente, las comunicamos que
celebrando nuestro 15 años, estrenamos
nuevo modelo de Red con una Instancia de Coordinación
conformada por tres de nosotras, con responsabilidades
diferenciadas. Presentes en América Latina
y con una demanda importante de nuestra incursión
en Centro América perseguimos el objetivo
de seguir creciendo y apostando a la transformación
de patrones culturales heredados que no tienen
en cuenta los derechos de las mujeres.
Con este número reiniciamos
nuestra comunicación después
de una ausencia de un año -, con quienes
nos han acompañado en estos 15 años
de compartir reflexiones, angustias y esperanzas.
Ausencia forzada que se relaciona con la crisis
económica que aqueja a la Argentina y que
nos ha golpeado, como a muchas otras ONG de nuestra
región.
Esperamos poder seguir publicando
nuestra revista con la periodicidad anterior.
Reciban nuestro deseo de paz, armonía y
felicidad.
Equipo Editorial
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