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Declaraciones
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Declaración de la Red Lationamericana de Católicas
por el Derecho a Decidir
Murió el Papa
Murió El Papa. Su muerte
provoca conmoción en el mundo católico y
hasta en las comunidades que profesan otras religiones.
Su imagen, su humanidad, tienen un fuerte sentido simbólico
que atrae multitudes. Nos envuelve un ambiente místico.
Es en este momento de la muerte en que nuestra dimensión
humana se hace más perceptible y es ahí
que necesariamente nos descubrimos como hermanas y hermanos,
como iguales.
El día 2 de abril, Karol Wojtyla murió.
En medio del impacto noticioso, casi que olvidamos que
tras el manto que envuelve al Papa, vivió y murió
un hombre. Un hombre que influyó en la política
internacional, visitó innumerables países,
luchó por la paz, conquistó multitudes.
Un hombre que ejerció un papado contradictorio.
El jefe espiritual de la Iglesia Católica, deja
para su sucesor enormes desafíos. En el mismo día
en que murió el Papa, muchas otras hermanas y hermanos
no pudieron gozar plenamente de la vida, no vivieron la
vida en abundancia como lo predica el Evangelio, porque
su humanidad fue irrespetada.
Nos referimos a todas las personas que aún esperan
la bendición de la Iglesia para vivir su fe con
dignidad: millares de mujeres y hombres católicos
que en desacuerdo con las enseñanzas de la Iglesia
Católica utilizan anticonceptivos, personas conviviendo
con el virus VIH-SIDA que usan preservativos para no trasmitirlo
a quienes aman, mujeres que toman la decisión ética
de abortar, personas que sienten atracción y amor
por otras personas del mismo sexo, sacerdotes, religiosas
y religiosos que optaron por el matrimonio sin dejar de
servir a su comunidad, mujeres católicas que quieren
ser reconocidas por el sacramento del orden, mujeres divorciadas,
madres solteras y tantas otras u otros a quienes el Papa
no logró entender.
El Papa deja un enorme legado como constructor de la paz
y comunicador, más también deja contradicciones
y una enorme tarea a su sucesor: realizar un nuevo concilio,
democratizar la Iglesia, crear espacios para que el viento
del Espíritu pueda soplar.
Nosotras, de la Red Católicas por el Derecho a
Decidir en América Latina, mantenemos la esperanza,
de que nuestra Iglesia sea de hecho, aquella que acoge
y respeta a todas las personas que siguiendo el Evangelio,
cumplen el gran mandamiento del amor. Esperamos que el
sucesor de Juan Pablo II escuche lo que están diciendo
las inmensas comunidades católicas en nuestros
países latinoamericanos y que su pontificado signifique
un esfuerzo por denunciar y eliminar todas las relaciones
de desigualdad y violencia en las sociedades y en la Iglesia. |
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