La Ley Canónica de la Iglesia
Católica en la actualidad establece que cualquiera
que cometa el pecado del aborto queda automáticamente
excomulgado de la iglesia. Para cometer el pecado
del aborto, la persona tiene que pensar que cometer
un aborto en su caso en particular, teniendo en cuenta
todas las circunstancias de su vida y de su embarazo,
es un pecado contra Dios. Si piensa así, abortar
sería ir contra lo que le dicta su conciencia.
La Iglesia Católica oficialmente
enseña que la conciencia de una persona es
suprema. Si la persona examina cuidadosamente su conciencia
y luego decide que un aborto es el acto más
moralmente aceptable que podría realizar en
ese momento determinado, entonces esa persona no estaría
cometiendo un pecado. Por lo tanto, no sería
excomulgada. Ni haría falta contarlo en una
confesión, dado que en ese caso, el aborto
no es un pecado.
Si la persona siente que ha cometido
un pecado al abortar, puede buscar la reconciliación
con la iglesia hablando con un sacerdote en el sacramento
de la reconciliación (o confesión).