Feminismo y religión
católica:Ver a Dios con ojos de mujer
Ivana Calle Rivaz. Teresa Lanza. M.
Católicas por el Derecho a Decidir Bolivia
Feminismo católico
¿por qué?
El 12 de marzo de este
año el Papa Juan Pablo II celebró la Jornada
del Perdón en la Basílica de San Pedro,
allí el Papa de 80 años se arrodilló
delante de la Pietá de Miguel Angel (la madre siempre
perdona) para pedir perdón a cada uno de los pecados
planteados en una lista, mencionaremos el que nos compete
directamente:
Perdón por los pecados
que han herido la dignidad de la mujer y del género
humano.
A qué pecados se refiere exactamente,
acaso a aquellos cometidos en contra de las mujeres
cuando por siglos se ha condenado su sexualidad a un
sin fin de restricciones que las remitían a ser
única y exclusivamente reproductoras de la especia
humana al igual que las hembras en los animales. O será
tal vez, a la histórica exclusión de las
mujeres del sacerdocio por razones eminentemente sexuales;
no se menciona, en ninguno de los pecados por los que
el Papa pidió perdón, la histórica
discusión del Concilio de Trento sobre si las
mujeres tenían alma.
¿Acaso pedir perdón por
los pecados contra la dignidad se refiere a la
actual discriminación y exclusión de la
Iglesia Católica a homosexuales y lesbianas?
¿A la permanente criminalización de las
mujeres que por variados motivos se ven obligadas a
abortar? Habría que recordar que los perdones
no caducan en el tiempo y que además para ser
tales, deberían ir acompañados de la compensación
del daño causado.
No tenemos que vivir en tiempos de la
Inquisición para aceptar o rechazar el perdón
del Papa; aquí en pleno inicio de siglo seguimos
sufriendo los pecados de la Iglesia Católicas
a través de la injerencia del Vaticano en la
vida de las mujeres; porque, bajo el estatus de Estado
No miembro y Observador Permanente de las Naciones
Unidas, éste interviene directamente en las políticas
mundiales referidas a ellas y a otros grupos oponiéndose
a los avances logrados, principalmente en salud y derechos
sexuales y reproductivos, y presionando a gobiernos
de todo el mundo para impedir su aplicación.
El Vaticano, en las Naciones Unidas,
cuestiona acuerdos ya aprobados por los Estados y acosa
simbólicamente a las mujeres, como en marzo pasado,
cuando en ocasión de revisar los compromisos
de los Estados respecto de la Plataforma de Acción
de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada
en Beijing (1995), monjes (que parecían de la
Edad Media) echaban agua bendita a las mujeres que presionaban
a sus delegaciones oficiales para mantener las reformas
planteadas a favor de la salud sexual y reproductiva
¿acaso las consideraban demonios?
La posición del Vaticano en contra
de las propuestas feministas se basa fundamentalmente
en el rechazo a las diversas formas familiares con las
que convivimos actualmente, al uso de anticonceptivos
que en plena epidemia del SIDA mata millones de seres
humanos, a la mantención de prácticas
culturales que discriminan a las mujeres, a la despenalización
del aborto incluso promoviendo hechos violentos contra
quienes lo promueven.
Católica y feminista al mismo
tiempo
Esas y otras razones han llevado a muchas mujeres
a experimentar dilemas de existencia: elegir una vida
en busca de equidad o de continuar siendo católicas
miembras de una comunidad que entra en franca contradicción
con la primera alternativa.
Algunas optan por dejar el catolicismo
a favor de otras religiones que les ofrezcan posiciones
menos discriminatorias con las mujeres, otras abandonan
totalmente la religión y asumen una vida cuya
única guía espiritual sea su propia conciencia,
de ser pensante, inteligente, que le permite elegir
y tomar decisiones maduras, fundamentalmente con relación
a su vida sexual y reproductiva, que es uno de los temas
de más alta tensión entre la jerarquía
de la Iglesia Católica y los/las creyentes.
La otra opción es seguir asistiendo
a misa, seguir siendo católica, pero no estar
de acuerdo en cumplir con algunos de sus preceptos.
En una encuesta realizada en 1997, con una muestra representativa
del 80% de la población urbana de Bolivia, se
demostró que un 53% de las mujeres católicas
no están de acuerdo con la posición que
tiene la Iglesia en referencia al uso de métodos
anticonceptivos, los hombres asumen la misma postura
en un 54%.
Pero si bien es cierto que la
Biblia se ha usado, a lo largo de la historia, para
legitimar la opresión y subordinación
de las mujeres (entre otros), para acallar sus reinvindicaciones
de igualdad y ahogar sus luchas de liberación,
no es menos cierto que la misma Biblia ha inspirado
a otras mujeres, y les ha dado autoridad y fuerza para
trabajar por la liberación y para rechazar toda
subordinación y toda opresión.[i]
Ellas son las teólogas feministas,
las que se resisten a abandonar el catolicismo y otras
religiones y se proponen reclamar para sí mismas
y para las otras, el derecho a ver a Dios con ojos de
mujeres.
Teología Feminista
Como Pamela Dickey Young [ii] afirma,
la teología feminista nace del proyecto más
amplio que es la teoría feminista; en su aporte,
ampliamente fundamentado en producción bibliográfica,
se reconocen dos etapas: la crítica y una posterior
de reformulación.
En la primera etapa las feministas observaron
que eran muy pocas las mujeres consideradas como importantes
en la tradición cristiana, ellas eran presentadas
como malas o peligrosas y que el menosprecio era el
pensamiento teológico predominante.
La etapa de reformulación de
la teología, desde el punto de vista feminista,
ha dado lugar a diversas formas de aproximación
al tema tanto en la historia de las mujeres al interior
de la iglesia de tradición cristiana, así
como en la proposición de cambios doctrinarios
con el propósito de que las mujeres salgan de
la tradición de opresión.
La teología feminista propone
una nueva imagen de Dios que ya no es absolutamente
masculino, y un nuevo entendimiento de la Iglesia el
cual implica un relacionamiento de vida más que
una relación de jerarquía.
Otras corrientes como la Teología
Feminista Latinoamericana proponen una reflexión
crítica sobre la vivencia que mujeres y hombres
con el objetivo de transformar todas las instituciones
y sistemas que producen empobrecimiento violencia contra
mujeres y hombres. Avanzar hacia nuevas relaciones sociales
gobernadas por la justicia y la integridad de vida en
un ambiente cultural libre de dominación patriarcal,
es su propósito.
Ivone Gebara [iii]cuando
se refiere al tema, dice: "la teología feminista
cree en las utopías. No en las utopías
que son un punto de llegada o que se realizan al margen
o por encima de la historia. Nuestras utopías
son esperanzas que se viven en nuestra carne, esperanzas
que nutren el complejo proceso histórico en que
vivimos...".
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Nada impedirá que la igualdad
sople en todas direcciones y su viento llegue
hasta el último rincón. La realidad
específica de las mujeres ha sido el resorte
de la teología feminista, una teología
hecha desde el otro lado del poder, una interpretación
del Evangelio y las Sagradas Escrituras hecha
con miradas de mujeres, y de mujeres comprometidas
con la justicia. Cada vez más mujeres se
suman a la corriente que reclama sus derechos
en la Iglesia Católica: el derecho a que
sus voces se oigan y a escuchar otras voces, a
la autonomía, a la participación
en las decisiones, al ejercicio sacerdotal, a
la vivencia de una sexualidad placentera desligada
de la reproducción, a controlar su capacidad
reproductiva; una corriente que empuja contra
lo que impide el desarrollo pleno de sus potencialidades
de persona con capacidades, derechos y responsabilidades
iguales a las de los hombres......(*)
(*) María Consuelo Mejía, antropóloga
con Maestría en Estudios Latinoamericanos
de la UNAM y directora de Católicas por
el Derecho a Decidir de México.
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[i] Bernabé Carmen,
en 10 .Mujeres escriben teología. Editorial
Verbo Divino. 1993.pág 13.
[ii] Profesora asistenta
de teología en el Queen´s Theological College
de Kingston, Ontario, Canadá.
[iii] Religiosa
de la congregación de las Hermanas de Nuestra
Señora. Doctora en Filosofía por la Pontificia
Universidad católica de san pablo.
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