Dominus Iesus: Entre el Amor y la Soberbia
Teresa Lanza M.
e Ivana Calle R.
El 5 de septiembre de este año,
con la firma del prefecto de la Sagrada Congregación
para la Doctrina de la Fe (ex-Santo Oficio), salió
a luz pública la Declaración Dominus Iesus
que lleva plasmada la ratificación y confirmación
del Papa Juan Pablo II.
Quizás en nuestro medio no fue
difundida como en otros países, sin embargo,
sus repercusiones en ámbitos teológicos,
interreligiosos y ecuménicos ha tenido un impacto
mas bien negativo porque contradice lo establecido en
la carta papal Tertio Millenio Adveniente que manifiesta
el deseo firme de entrar en el tercer milenio en plena
armonía y comunión entre los hermanos
y hermanas cristianas y las diferentes iglesias actualmente
existentes.
Esta publicación, ha sido objeto
de observaciones bastante agudas por parte de teólogos
y teólogas que la consideran fuera de lugar en
el año del Jubileo -del perdón y de la
reconciliación- y no podía ser más
inoportuna en momentos en que se busca el tan ansiado
ecumenismo que coadyuve el consenso de ortodoxos, protestantes,
anglicanos y otras denominaciones cristianas.
Algunos puntos de la Declaración
Vaticana Dominus Iesus señalan que la única
Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica
gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos
en comunión con él. Afirma enfáticamente
que la Iglesia Católica es "signo e instrumento
de la íntima unión con Dios y de la unidad
de todo género humano y por lo tanto es signo
e instrumento del Reino, llamada a anunciarlo e instaurarlo".
Finalmente, en la conclusión de la Declaración
afirma que, "de acuerdo a los Padres del Concilio
Vaticano II, la única religión verdadera
subsiste en la Iglesia Católica, apostólica
y romana".
Sobre el tema, un Manifiesto Internacional
de 73 Teólogos y Teólogas publicado por
el Movimiento Internacional "Somos Iglesia",
afirma que "el texto de la Congregación
vaticana muestra una clara insensibilidad ante algunos
de los logros alcanzados a lo largo de varias décadas
de actividad ecuménica, tanto en el terreno doctrinal
-recuerdese la Declaración Conjunta Luterano-Católica
sobre la doctrina de la Justificación de la Fe-
como en el pastoral". En otra parte de su declaración
señalan que "con la publicación de
este documento de la Congregación para la Doctrina
de la Fe se ven afectadas negativamente, sin duda, la
larga trayectoria ecuménica en la Iglesia Católica
y el diálogo interreligioso e intercultural en
el que estamos comprometidos numerosos creyentes de
las distintas religiones del mundo"
De otro lado, Monseñor Pedro
Casaldáliga, teólogo de la liberación
y obispo de Brasil, en un artículo publicado
en la revista "Conciencia Latinoamericana"
de octubre/2000, sostiene que "seguir al pie de
la letra el documento Dominus Iesus, sería un
golpe fatal para el diálogo de las Iglesias cristianas
con otras religiones...da la impresión de que
el Vaticano quiere cerrar el siglo, el milenio y hasta
quizás el pontificado de Juan Pablo II dejando
los dogmas bien remachados, para que no haya ninguna
posibilidad de duda ni libertad excesiva"
En nuestro medio, el Dominus Iesus ha
generado una interesante reflexión por parte
de Abraham Colque Jiménez, quien publicó
un artículo en este mismo suplemento ("Ventana"
La Razón, Sept.10, 2000), en el que manifiesta
su preocupación acerca de las teologías
indígenas, señalando que "la historia
de dominación y expoliación de los pueblos
indígenas está marcado por la negación
de su integralidad como ser humano pleno: es lícito
dominar y someter a quienes no están en la verdad,
a quienes están en minoría de edad. Esa
es la voz de quienes se han apoderado de las instituciones
humanas que eran para servicio; es la voz de quienes
no quieren cambiar nada para mantener sus privilegios,
es la voz de los que oscurecen la verdad para ponerla
a su servicio. Actualmente, hay varias formas, religiosas
y no, de continuar negando la humanidad de las y los
otros en función de su dominación",
más adelante continúa afirmando que "el
sentido profundo del cristianismo y del texto bíblico,
más que alienar a las y los otros (personas y
pueblos), es acompañar en forma dialogante a
reconstituir la humanidad, afirmada y dañada
por todos los pueblos y culturas". Señala,
además, que "las religiones indígenas
y las teologías emergentes son un desafío
para las iglesias, no como algo que hay que combatir
sino acompañar, no sea que estemos conspirando
nuevamente contra Jesús. Es tiempo de aprender
de todas las sociedades y culturas afirmadoras de la
vida"
Es evidente que el Dominus es un nuevo
desacierto que ha cometido la Iglesia Católica
-o sus miembros jerárquicos-, peor aún
en tiempos jubilares, y esto es verdaderamente preocupante
como preocupante es todavía ver a nuestra iglesia
"visceralmente misógina que se siente libre
de culpas de haber encadenado la sexualidad femenina
durante siglos", el negarles a las mujeres el acceso
al sacerdocio, y una serie de prohibiciones y restricciones
que se verán mal en el nuevo milenio. Creemos
que es tiempo de cambio, de meditación, de ecumenismo,
de hermandad, de democracia, de respeto por el o la
diferente, del derecho a decidir, de la inclusión
en vez de la exclusión. Creemos que es tiempo
de amor y de libertad.
Agregaremos una reflexión
sobre el Dominus Iesus que hace Monseñor Casaldáliga
y dice: "Eso no niega para nada mi identidad cristiana
y católica, pero quiero rescatar por encima de
todo, el amor salvífico universal de Dios, que
es un primerísimo dogma: Dios crea por amor y
porque ama salva, y tiene muchos modos y maneras de
hacerlo. Además de los siete sacramentos que
la Iglesia Católica reconoce, Él tiene
muchos sacramentos de contrabando, porque Dios es Dios;
es amor y es amor infinito".
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