Fe cristiana y la sexualidad: ENTRE LA PUREZA Y LA PROPIEDAD.
Pastor Lisandro Orlov
Iglesia Evangélica Luterana Unida
Pastoral Ecuménica Y Solidaria con las Personas
que Viven con VIH-SIDA
Introducción:
Algunos pensadores, en forma atrevida, afirman que
la iglesia tiene una única posición teológica
o ética con relación a cualquier tema
o explícitamente refiriéndose a la sexualidad.
Eso no es verdad. Las comunidades cristianas difieren
grandemente entre ellas, existe un real y rico pluralismo
de posiciones y de prácticas pastorales. Aún
dentro de una misma denominación existe una multiplicidad
de líneas de pensamiento que brindan respuestas
distintas a la rica gama de preguntas que nos presenta
el hoy de la sociedad, de la iglesia y de Dios. En este
contexto ecuménico no podemos olvidar esa realidad
pluralista y reconocer que no existe un solo mensaje
o discurso excluyente y exclusivo. Afirmar lo contrario
es una tentación totalitaria ante la cual debemos
estar precavidos para no caer en ella.
Al trabajar en cualquier tema teológica,
y la sexualidad es un aspecto de la teología,
debemos tener en cuenta las variadas fuentes que nos
ayudan a construir nuestra reflexión y mensaje.
Queremos aquí recordar el famoso cuadrilátero
de las fuentes a utilizar en un análisis de la
realidad desde una perspectiva cristiana propuesto por
John Wesley: en primer lugar ubicaba a la Biblia
como fuente privilegiada en la construcción de
conceptos. Es necesario tener presente desde un comienzo
que la Biblia no es un código de ética
sexual cerrado y tampoco es un sistema único
y coherente. La más importante contribución
que pueden hacer las Escrituras cuando se hace acción
del Espíritu en la vida de la comunidad cristiana,
es colocarse por encima de nuestro presente y hacer
relativas todas nuestras afirmaciones en cualquier área.
Nos protege de tener ídolos: La Biblia
conoce solo la ética del amor, que se formula
constantemente para referirla a cualesquiera costumbres
sexuales predominantes en un país, en una cultura
o en un período dado [1].Debemos
tener presente que la Biblia es el testimonio histórico
de la revelación pero no se confunde con la revelación
misma. Solo Jesucristo es la Verdad y solo él
es la Palabra de Dios. La Biblia no es la cuarta persona
de la Trinidad. Solo Cristo es la Palabra revestida
de las palabras humanas que se han pronunciado a lo
largo de la historia humana de acuerdo a un contexto
social, cultural y económico. Las Escrituras
siempre deben ser interpretadas por el Espíritu
con la ayuda esencial de la tradición de la iglesia,
de la razón y de la experiencia pastoral. [2]
La segunda fuente instrumental de análisis
es la tradición de la iglesia que comprende
las prácticas pastorales, las aproximaciones
teológicas y sus diversas formulaciones históricas.
Esta tradición, al igual que las Escrituras,
ofrecen una guía sobre las expresiones diversas
de la sexualidad, pero que a semejanza de las mismas
Escrituras tienen un carácter ambiguo ya que
siempre podemos presentar ejemplos en una u otra dirección.
La lectura que hagamos de ella será siempre selectiva.
Recordemos que toda cultura, incluida aquellas en la
cual se fueron formando los relatos que luego constituyeron
las Escrituras, es un todo y que no es posible recuperarlo
en fragmentos aislados. Aún aquellas partes que
se puedan actualizar en nuestro contexto, siempre tendrán
otro significado. La función espiritual de la
Biblia y de la tradición de la iglesia es la
de relativizar el presente. Con ayuda de la tradición
podemos comprender mejor el presente tal como es y proclamar
el evangelio de forma tal que responda a las preguntas
del mundo contemporáneo. [3]
La tercer fuente de análisis
es la razón expresada en las diversas disciplinas
científicas que reflexionan sobre el fenómeno
humano. En este sentido Wesley expreso: Un principio
fundamental para nosotros es que renunciar a la razón
es renunciar a la religión, que la religión
y la razón van de la mano y que toda religión
irracional es una religión falsa. [4]
Y en cuarto lugar la praxis contemporánea
que nos muestran como se vive realmente hoy la sexualidad
en nuestra sociedad y en nuestras iglesias: en
las últimas décadas del siglo XX varias
formas de teología de la liberación han
considerado decididamente la experiencia como elemento
central de la tarea teológica [5].
Existe la real tentación, cuando se habla de
sexualidad pretender iniciar la reflexión desde
perspectivas dogmáticas abstractas o como juegos
intelectuales. La realidad se nos impone y podemos constatar
en la práctica cotidiana como difiere la realidad
de la vida sexual de nuestros fieles y de nuestros pastores
y pastoras de las posiciones oficiales de la iglesia.
[6]
Fundamentación histórica.
Es necesario reconocer que todas nuestras relaciones
sexuales, nuestros sentimientos, y lo que pensamos sobre
ellos han sido configurados por fuerzas históricas
y forman parte de un cuerpo imaginario, simbólico
y material fuertemente entrelazado. [7]
Estos conceptos sobre la sexualidad
forman parte de la cultura en la cual vivimos que a
su vez es un proceso social de producción
de sentido en relación con los hechos socioeconómicos
[y sexuales] y no debe ser estudiada fuera del sistema
socioeconómico y de los hechos sociales
[8]. Todo texto
exige su contexto como para poder comprender el encuadre
teórico que nos permite comprender su formulación
actual. [9]
En la construcción del pensamiento
histórico nos encontramos también con
diversidad de escuela y metodología. La historia
social tiene como objetivo comprender la realidad desde
la perspectiva de los excluidos y cuyo testimonio aparece
siempre en forma indirecta. Es la historia que nos
enseña acerca de la relación entre el
control de los cuerpos de las mujeres para la procreación,
la supresión de la homosexualidad, el sistema
económico y las condiciones de un espacio y un
tiempo particular, la virulencia de fuerzas como el
racismo y el antisemitismo, y el ejercicio y el control
social por parte de los custodios institucionales de
virtudes normativas como el crecimiento
espiritual, la salud mental y el bienestar físico.
[10] Una interpretación
histórica de la sexualidad siempre es una interpretación
sobre las relaciones de poder. Estas relaciones de poder
nunca son inherentes o intrínseca a una persona
o a una determinada relación. Estas experiencias
de poder están siempre socialmente construidas.
La sexualidad como tal se construye socialmente. En
este sentido podemos hacer nuestra la definición
de género brindada para esta Consulta: Tradicionalmente
se entiende por género la construcción
o interpretación social y cultural del sexo biológico
de las personas y de las relaciones que, en razón
de su sexo [u orientación sexual], deberían
guardar entre sí. Género es el conjunto
de características sociales, culturales, políticas,
jurídicas y económicas asignadas al sexo
diferencialmente [11].
Este criterio constructivista de género
se aplica también y con la misma amplitud al
concepto de sexualidad humana. Sin duda las conductas
sexuales construidas socialmente tienen un fundamente
fisiológico pero la fisiología nunca puede
proporcionar pasión, elección de objeto,
identidad o motivos. Estos provienen de la dinámica
y cambiante construcción social. El cuerpo como
tal no produce su propia significación. Son las
relaciones sociales y la estructura psíquica
las que construyen esos significados.
Esta escuela que nos habla de la construcción
social de la significación sexual se contrapone
con la escuela esencialista que sostiene
que existe una explicación que se construye a
partir de un ser específico, de una ontología
preexistente, de una naturaleza o de una identidad que
está más allá de la construcción
de significados sociales.
En cambio la escuela constructivista
afirma que la interpretación histórica
de la sexualidad supera el esencialismo sexual porque,
si aceptamos que nuestra identidad se construye en un
marco relacional, no podemos afirmar que nuestras identidades
o nuestras posibilidades de conducta o de relación
sean fijas e invariables. Las relaciones sociales son
las que dan sentido y riqueza a nuestra comprensión
de la sexualidad. Esas relaciones van construyendo la
identidad en el tiempo y en el espacio. Esta forma de
ver la identidad sexual nos lleva a poner el énfasis
en lo que hacemos y no en los que somos. Nuestra comprensión
de la sexualidad, desde esta perspectiva constructivista,
nos lleva a entenderla como una realidad dinámica,
abierta, cambiante y en relación con otros y
otras. No se construye en el vacío, se construye
junto a otros y otras.
Dualismos
La sexualidad humana considerada desde la perspectiva
protestantes nos da un panorama fascinante y a la vez
confuso, que hace imposible hablar de una escuela hegemónica.
Pero a pesar de las divergencias podemos decir que,
en primer lugar, todos comparten la afirmación
que dice que la sexualidad es un don positivo dado por
Dios pero que en muchos casos ha sido distorsionado
por el pecado humano. La sexualidad es una dimensión
básica de nuestra humanidad. Incluye pero no
se limita a los sentimientos ni a la expresión
genital. [12]
En segundo lugar, existe un cierto
consenso en afirmar la necesidad de liberar la vivencia
de la sexualidad de dos dualismos alienantes. Por un
lado el dualismo introducido por el Helenismo y el Neoplatonismo
en el cristianismo primitivo, que divide al ser humano
en cuerpo y en espíritu. La tradición
judía, por el contrario, estaba libre de este
dualismo y consideraba a la persona como una unidad.
Esa tradición estaba, por su lado, marcada por
un fuerte dualismo patriarcal que presume la superioridad
del varón sobre la mujer. Estos dos dualismos
han caminado juntos en la historia de la comprensión
cristiana de la sexualidad. Considera al varón
superior por el simple hecho de serlo y le adorna con
múltiples cualidades espirituales positivas.
La mujer considerada en un segundo plano y se la limita
a los sentimientos más relacionados con lo corporal.
El tercer consenso que podemos
encontrar entre las comunidades cristianas de tradición
protestantes es la falta de una historia que exalte
la virginidad y el celibato como superiores a la vida
sexual en el matrimonio. Esta es una clara diferencia
con la tradición católica. El elemento
teológico que subyace y sustenta esta posición
reformada es la convicción de que la salvación
se obtiene por la gracia libre y gratuita de Dios y
no por las buenas obras (virginidad y celibato)
El cuarto consenso que encontramos
entre las iglesias protestantes es el rápido
abandono de la procreación como el propósito
primario del matrimonio y de la vida sexual. En su lugar
se enfatiza la comprensión de la sexualidad como
expresión de un amor fiel y que construye mutualidad.
Entre las principales iglesias protestantes
encontramos, como quinto consenso, y que muchas
veces será una línea divisoria con los
grupos ultraconservadores y fundamentalistas, es la
apertura hacia nuevas formas de comprensión de
la sexualidad, su naturaleza y una historia que relativiza
normas éticas o morales
La Reforma Protestante del siglo XVI
tendrá dos énfasis doctrinales importantes
y que afectan nuestra actual comprensión de la
sexualidad. En primer lugar consideró que no
tenía fundamentos bíblicos la distinción
del cristianismo medieval entre la naturaleza y la gracia.
Existió una fuerte tendencia a considerar la
sexualidad como inherentemente mala y pecaminosa. Los
reformadores no piensan que la naturaleza ni la sexualidad
sean malas. La corrupción no esta en ellas sino
en la voluntad esclavizada por el pecado de los seres
humanos, y en la forma en que se expresa esa sexualidad
en el mundo de la naturaleza.
La segunda consideración teológica
de los reformadores fue la insistencia en la justificación
por la gracia en lugar de la justificación por
las obras. El celibato y la virginidad no eran méritos
especiales en el plano de la salvación, y el
matrimonio. La plena vida sexual fue positivamente afirmada.
Pero no todo era un lecho de rosas pues había
sentimientos ambivalentes. Lutero consideraba al matrimonio
como una escuela del amor divino pero también
como un hospital para los enfermos porque la sexualidad
en los seres humanos caídos siempre tenia aspectos
de codicia y corrupción. En tanto Calvino que
fue uno de los primeros en afirmar que el objetivo primario
del matrimonio no era la procreación sino el
compañerismo, también decía que
el matrimonio era un freno a la lujuria. [13]
Los reformadores no pudieron liberarse
totalmente del pesado dualismo heredado de los tiempos
de la patristica y la historia medieval. Como modelo
de vida matrimonial, se presentaron los ejemplos patriarcales
tomados del Antiguo Testamento. Aún Calvino,
que en muchos aspectos consideraba a la mujer más
positivamente que en épocas anteriores, afirmaba
su subordinación al varón. Consideraron
que la sexualidad en si misma era una realidad cuya
expresión requería para su ejercicio de
la aprobación eclesiástica
En el siglo XX, y en el ámbito
académico, las iglesias protestantes se fueron
alejando de la comprensión de la sexualidad centrada
en la ley y centrada en la valoración ética
del acto en sí encaminándose hacia una
moralidad basada en consideraciones sobre las relaciones
interpersonales.
Entre dos jardines.
Los cristianos se han movido a lo largo de la historia
entre dos jardines: el del Edén y aquel del Cantar
de los Cantares, siendo este último un relato
muy mal interpretado a lo largo de la exégesis
bíblica. Este extraño poema describe un
jardín erótico, un jardín en el
que se celebra el gozos y le placer entre dos amantes.
No podemos ocultar que el Cantar es un relato sexual.
El Jardín del Edén, por
otro lado, ha sido propuesto como modelo de la sexualidad
normativa. Debemos en este momento hacer una distinción
de vocabulario: muchas veces se utiliza normal para
describir aquello que es estadísticamente mayoritario,
El antónimo de normal es inusual,
no necesariamente pecaminoso. [14].
Existe la tentación de afirmar que el relato
del Génesis establece un modelo para toda vida
humana en todo tiempo y en todo lugar. Los teólogos
creacionistas piensan que se debe leer los
capítulos 1 y 2 del Génesis como la fuente
primaria del establecimiento de principios fundamentales
de moralidad.
Como desafío a esta posición
es necesario leer esos capítulos en su totalidad.
Los seres humanos estaban desnudos y no se avergonzaban
(2:25); eran vegetarianos (1:29-30); existía
un solo idioma (2:20); se observaba como día
del Señor el sábado (2:3); había
un mandato obligatorio de reproducción (1:28).
Una ética sexual coherente, basada en estos relatos,
tendría que incorporar todos estos elementos
y no solo algunos. Como consecuencia nos sorprende el
comportamiento de Jesús y de Pablo, que según
el testimonio del Nuevo Testamento eran solteros, violando
el mandamiento de multiplicarse y de casarse. Las comunidades
cristianas en su gran mayoría ya no observan
el mandamiento que establece el sábado como día
consagrado al Señor, y otros aspectos reflejados
en los textos en consideración.
Este apegarnos al texto y no discernir
el Espíritu nos hacer perder de vista que lo
importante en estos capítulos es la esencialidad
de la sexualidad que construye mutualidad.. Estos relatos
históricos no son una ley. Nos anuncian una buena
nueva acerca de la generosidad de Dios y de la bondad
de la creación incluyendo la sexualidad. Es el
relato de que muestran el don con el que Dios nos doto
desde un principio: de deleitarnos y de conectarnos
unos con otros, el don de trascender, en definitiva,
el don de la humanidad.
El otro jardín se refleja en
el Cantar de los Cantares, que es una colección
de poemas de amor colocados en los labios de una pareja
que demuestran abiertamente sus sentimientos, Nos sorprende
con las descripciones del cuerpo del varón y
de la mujer porque introduce abiertamente el erotismo
en la espiritualidad. La experiencia erótica
que desafía a una sociedad hostil al amor y a
sus vivencias. En este poema lo erótico está
íntimamente vinculado con la ternura y nunca
con la violencia. Este poema nos lleva a valorizar la
intimidad y la privacidad de la unión sexual
y es una invitación a adentrarnos en el mundo
de los sentidos. [15] Este
es un relato con profunda implicancias para el mundo
de la fe y de la política. El espacio del erotismo
y de la sexualidad son espacios dados por Dios para
que disfrutemos de nuestros cuerpos y de sus vivencias.
El amor clandestino de esta pareja es un cuestionamiento
al amor establecido en el modelo institucional de la
corte real. Desde un comienzo este amor tiene enemigos.
El modelo oficial y aceptado como normativo, la poligamia,
establecía una sexualidad impersonal, construida
a partir de consideraciones políticas, económicas
o de mera conveniencia social. El amor de ese pareja
clandestina cuestiona a una sociedad fuertemente agresiva
con la mujer y que ignoraba el amor verdadero. También
cuestiona los preconceptos y la pobreza del modelo sexual
de los sectores poderosos de la sociedad que definían
las pautas morales y culturales de la época.
Indudablemente Salomón nunca
pudo haber sido el autor de este poema. El cuerpo exaltado
es predominantemente masculino, y teniendo en cuenta
los estereotipos sociales parece poco verosímil
atribuir ciertos anhelos, deseos, expectativas y temores
al modelo oficial de varón construido por aquella
sociedad.
La interpretación alegórica
de este poema ha hecho mucho daño a la comprensión
del mensaje y a la vivencia de la sexualidad en las
comunidades cristianas. Solo una lectura obvia y natural
podrá recuperar el sentido real del Cantar. Indudablemente
la interpretación alegórica tiene una
larga historia, ya establecido por los mismos judíos,
que en el primer siglo de la era común, veían
en la joven la representación de Israel y entendían
el cántico como un diálogo entre Dios
y su pueblo elegido. Los cristianos no necesitaron ser
muy creativos para trasladar esa relación a Cristo
y el alma del creyente.
Este poema nos dice que todo lo bueno
viene de Dios y el amor y el erotismo también.
Saludablemente el Cántico no sacraliza la sexualidad
como actos divinos, o que tengan una vinculación
especial con Dios. No pretende ubicar la sexualidad
en otro planto que aquel al cual pertenece: la vida
cotidiana. La sexualidad no se la separa del mundo del
trabajo, del descanso, de las injusticias sociales,
del deseo, etc. El amor y la sexualidad no son más
ni menos puros o sagrados que todas las otras realidades
del mundo cotidiano.
El Cántico no vincula en ningún
momento la sexualidad con los criterios de pureza imperantes
en la cultura judía. No es una reflexión
teórica sobre el amor sino que es un testimonio
de vida. En este poema los seres humanos son presentados
con sus limitaciones y pobrezas y la sexualidad es un
reflejo de esa realidad. No puede ser de otra manera.
Nadie mejor que la autora del Cantar para alejarnos
de la tentación de idealizar la experiencia sexual.
El tema central del Cántico es
el amor profundo de dos seres humanos. [16]
Esta experiencia es un claro enfrentamiento con la moral
y las costumbres de los sectores poderosos representados
por la figura de Salomón, su harén y sus
riquezas. Tres críticas se dirigen a la sociedad.
La primera es una crítica al amor impersonal
que nace de la poligamia que despersonaliza la relación
amorosa. La segunda crítica se dirige
contra la frivolidad del modelo de amor propuesto por
los y las cortesanas. El deseo hasta dirigido hacia
las riquezas y no hacia los cuerpos. La tercera
crítica se relaciona con el papel que tiene la
mujer en esa sociedad. En varios momentos el texto insinúa
el carácter clandestino de la relación
de esta pareja. Con su amor la pareja esta cuestionando
y transgrediendo las leyes sociales, que tienen a la
vez carácter civil y religioso. La pareja, y
en especial la mujer, es llevada a ocultar sus sentimientos
y a esconder su erotismo. Estos deseos de la mujer no
tienen lugar en el modelo de sexualidad que predomina
en la sociedad. La mujer corre el riesgo de ser considerada
una prostituta por expresar sus sentimientos.
El Cántico hace evidente ciertas
cuestiones éticas. La primera es la legitimidad
del amor. Un amor que no necesita de la sanción
social para otorgarle legitimidad. En este sentido el
mensaje sostiene que el amor verdadero entre dos personas,
no necesita de una ley externa que les conceda un certificado
de valides. [17]
La segunda cuestión es el tema de la fidelidad.
Esta pareja no está abierta a los demás.
La fidelidad es un valor central en el mensaje del Cantar.
La fidelidad que nace en medio de la clandestinidad
y de una relación cuestionadora de los valores
establecidos. Una fidelidad que se contrapone con la
situación de prostitución sutil propuesto
por el modelo oficial. El tercer tema es el de
la relación entre ternura y sexualidad. Se entiende
por ternura aquella actitud que busca lo mejor para
el otro o la otra, y el aprender a disfrutar con placer
de la persona amada.
Etica de la Pureza y Etica de la
Propiedad.
Así como el dualismo del cuerpo inferior
al alma y el de la mujer inferior al hombre, existen
otras dos categorías que han estructurado el
pensamiento judeocristiano con respecto a la sexualidad:
la ética de la pureza y la ética de la
propiedad. [18]
Uno de los temas dominantes en la aproximación
bíblica al tema de la moral sexual está
estrechamente relacionado con el concepto de pureza.
La pureza se la entiende como el rechazo de todo aquello
que se considera sucio. En general todas las reglas
de pureza gobiernan los límites del cuerpo humano.
Esta regla es transmitida, en toda sociedad, desde la
primera infancia y llegan a tener un carácter
de tan evidentes que no necesitan mayor explicación.
El sistema de pureza tiene en su centro
a la persona humana y sus limites. El cuerpo se transforma
en una especie de símbolo de la sociedad en la
cual la persona vive. Lo sucio se lo ubica fuera de
esos límites, Existen diferentes sistemas de
pureza que varían de una cultura a otra. La etiqueta
de puro o impuro no se establece en forma automática
y a los mismos objetos o acciones. Lo que es puro en
una cultura o en una época determinada, puede
ser impuro en otra.
El pueblo judía se distinguía
por muchos aspectos: el rechazo de imágenes en
la liturgia; la insistencia en el monoteísmo;
la observancia de un día de descanso semanal,
su preocupación por la pureza de las comidas;
la práctica de la circuncisión; y su rechazo
a los casamientos con pueblos gentiles, son algunas
de las características más obvias. Israel
testimonia esta fe distintiva en relatos que actualmente
conocemos con el nombre técnico de Escrituras.
De este grupo eran fundamentales los primeros cinco
libros llamados la ley o la Torah. Estos
libros constituían la ley criminal, civil y religiosa
básica de Israel.
Si bien las ordenanzas de pureza están
esparcida a lo largo de toda la Torah, lo más
importante en cuanto a leyes sobre pureza lo encontramos
en el Libro de Levítico (cap. 11-16 y 17-26).
Si bien es difícil darle una fecha de redacción
seguramente ya existían con anterioridad a su
incorporación a la Torah tal como lo conocemos
hoy. El primer código (cap. 11-16) su interés
primario se relaciona con situaciones de impureza que
exigen algún rito de purificación; el
segundo (cap.17 a 26) llamado Código de Santidad,
se ocupa principalmente con las consecuencias históricas
de la impureza. Este código se interesa en convocar
a todo el pueblo para que se purifique quitando de entre
ellos a los transgresores. Este código enfatiza
la absoluta separación de Israel de todos sus
vecinos y su concepto de santidad esta relacionado con
la integridad, no solo de Dios sino de toda la creación.
Por lo tanto todo ser humano, animal u objeto que no
conserve la plenitud era considerado impuro (leprosos,
impedidos físicos diversos, castrados, etc).
Asimismo la polución se la relacionaba
con mezclar elementos de categoría diferente.
Nadie puede combinar o unir dos seres íntegros
en su naturaleza porque se las considera como perfecciones
que se excluyen. Esta es una de las razones para condenar
los actos homosexuales masculinos solamente porque el
ubicarse en el lugar de la mujer en la relación
sexual es una impureza de la misma naturaleza y categoría
que combinar una tela de lino con una de algodón.
La Visión de Pedro. Hechos
10: 9-23
Como ejemplo del funcionamiento de estos códigos
de pureza es importante explorar el Libro de los Hechos
de los Apóstoles ya que represente el testimonio
más útil en el Nuevo Testamento de la
forma en la cual la iglesia primitiva enfrentó
el tema de la pureza desde la perspectiva del Evangelio.
La visión de Pedro tiene estrecha
relación con la visión de Cornelio en
los versículos anteriores (10: 1-8). Cornelio
es un centurión romano y por supuesto es una
figura simbólica que representa al imperio romano
y su cultura En segundo lugar es un prosélito
pero que aún no ha asumido la observancia de
todas las reglas de pureza y no ha sido circuncidado.
Y en tercer lugar, desde la perspectiva misionera, se
abren varias cuestiones: uno cosa es aceptar que los
gentiles también pueden ser salvos en Jesucristo
y recibir el Espíritu Santo y otras muy diferente
comer y convivir con ellos. La convivencia con esas
personas cuestiona las leyes mismas de pureza. De hecho
debemos destacar que la acusación que se le hará
posteriormente a Pedro no fue la de haber recibido a
Cornelio sino de haber comido y entrado en su casa,
que son signos de comunión y fraternidad. Al
igual que en el relato del eunuco de Etiopía
(cap.8) en este relato también el protagonista
principal es el Espíritu Santo cuyas acciones
sustentas todas las otras acciones, tanto las de Cornelio
como las de Pedro.
Para Lucas, al igual que Pablo, aquello
que constituye la comunidad cristiana como tal es la
comunión real y la convivencia material y la
participación a una misma mesa. Si los ricos
y los pobres, los judíos y los no judías,
los hombres y las mujeres comen en lugares diferentes,
el cristianismo hubiera tenido diferente contenido y
lecturas diferentes para cada uno de los grupos y no
hubiera existido una iglesia real. Quien se niega a
comer y participar de la misma mesa de los pobres y
excluidos y a convivir con ellos, desfigura el rostro
de la Iglesia y busca constituir un grupo pseudo gnóstico.
Frente a esa pseudo espiritualidad el Nuevo testamento
afirma que la comunión eclesial es ante todo
una comunión material, corporal: los cuerpos
están uno al lado del otro y comen de la misma
mesa. [19]
.........................................................................................................................................
A lo largo de todo el Nuevo Testamento,
todos los relatos coinciden en que para los cristianos
la pureza física ya no es un elemento determinante
en su relación con Dios. Los evangelistas están
atacando toda clasificación religiosa de las
personas de acuerdo a criterios externos verificables,
entre los cuales los de pureza física gozan siempre
de mucha popularidad. El cristianismo para prevenir
este peligro hizo de la pureza física una elección
totalmente opcional. Completamente irrelevante para
la salvación o para ser miembro de la iglesia.
Los primeros cristianos no dejaron de tener conciencia
entre lo puro y lo impuro, pero aquello que fue abolido
fue el relacionar estrechamente la pureza física
con el favor divino. Desde los tiempos del Nuevo Testamento
hasta la actualidad toda ética cristiana se explicará
a sí misma en términos de pureza del corazón.
Otro de los criterios con el cual se
fue construyendo el pensamiento cristiano relacionado
con la sexualidad es el de la propiedad. Una vez abandonado
el criterio externo de pureza física, se introduce
firmemente el concepto de propiedad y de codicia de
los bienes ajenos. En la familia patriarcal tal como
se la describe en el Antiguo Testamento la esposa era
una forma de propiedad y el adulterio era una violación
de la propiedad de otro varón y que debía
ser castigada. No es sorprendente encontrar que el mandamiento
en contra del adulterio se encuentre tan próximo
del que habla de no robar. Por supuesto los hijos, al
igual que la esposa, era primariamente posesiones.
El incesto era definido como una transgresión
del orden jerárquico en la familia patriarcal.
Esta jerarquía es una expresión de las
relaciones de propiedad que ejercía una persona
sobre otra. El lenguaje empleado muestra claramente
que era una ofensa, no tanto sobre la persona violada
sino contra el propietario de esa persona.
La Torah habla muy poco de la prostitución.
El problema no estaba en el hecho de recibir o no una
paga por la relación sexual sino que la persona
en situación de prostitución escapaba
del encuadre de propiedad y jerarquía de la familia
patriarcal. Se podría afirmar que en temas de
relaciones sexuales uno debe comprar pero nunca alquilar.
La conducta de Jesús refleja
una cierta distancia de esta familia patriarcal. Abandonó
su hogar y su ministerio es errante. Cuando invita a
sus discípulos a convertirse en niños
para entrar en el Reino simplemente quiere decir en
ubicarse en la más baja posición en la
jerarquía familiar, abandonando todo reclamo
de posición social, seguridad o respeto. En esta
familia ya no hay padres ni maestros, todos son hermanos
y hermanas. Todos son hijos e hijas, fuera de la estructura
patriarcal.
En sus discusiones sobre la resurrección
con los saduceos, el matrimonio no tiene lugar en el
Reino. En sus enseñanzas y en su permanente ejemplo
dado al círculo más cercano de discípulos,
la familia ya no tiene un lugar central ni un valor
incuestionable. La prohibición del divorcio y
su redefinición de adulterio coloca a la mujer
fuera del reino de las propiedades descartables y la
hace de la misma dignidad que su marido. Igualmente,
cuando Jesús acoge a los niños, que están
ubicados en la base de la pirámide jerárquica
de la familia patriarcal, esta trastocando los valores
de la familia tradicional. Indudablemente, y según
los textos Jesús no era muy amigo de esta institución
familiar patriarcal. Jesús pide que la esposa
no sea considerada como una propiedad descartable y
al cambiar la situación de la mujer, Jesús
altera la de los hijos. El hacer del hijo el ejemplo
a tener en cuenta para entrar en el Reino y no tomar
en cuenta la figura del padre, está nuevamente
negando la estructura de ese tipo de familia.
El concepto de adulterio que tiene Jesús
no consiste primariamente en el hecho de la unión
sexual de dos personas, en las que una por lo menos
es propiedad de otra persona, sino que consiste en la
intención, puesta en acto o no, de apropiarse
de algo que le pertenece a otro. Ninguna persona está
libre del pecado, pero la naturaleza del pecado se ubica
en la impureza del corazón en lugar del acto
físico mismo.
En los tiempos primitivos una
de las características del cristianismo era que
rompía las barreras; y todavía puede hacerlo
cuando se le da la oportunidad [22]
Buenos Aires, 10 de Enero de 2001
[1]Walter
Wink. Biblical Perspectives on Homosexuality,
The Christian Century, 7 de diciembre de 1979: 1085
[2] James B. Nelson:
Fuentes para una teología del cuerpo: la
homosexualidad como un pleito de ensayo en La
Sexualidad y lo Sagrado. Desclée de Brouwer.
Bilbao. 1996. Pág.563-582
[3] L. William
Countryman. Etica sexual del Nuevo Testamento y mundo
actual, op.cit. pag. 64
[4] ob.cit. .
Pág. 575
[5] ob.cit.. pág.
34
[6] John Shelby
Spong. Living in Sin. A Bishop Rethinks Human
Sexuality. HarperSan Francisco. 1990 pág.11
[7] Comisión
de Teología CLAI. Cultura, género
e identidad. Cuestiones preliminares. Documentos de
reflexión para la Consulta de Misión y
la Cuarta Asamblea del CLAI. Quito. 2000, pàg.8
[8] idem. Pág.
10
[9] Elisabeth
Schuster Fiorenza: In memory of Her: A Feminist
Theological Reconstruction of Christian Origins. Crossroads,
New York. 1992. Pág. XV
[10] Carter Heyward.
Notas sobre la fundamentación histórica;
más allá del esencialismo sexual en La
Sexualidad y lo Sagrado op.cit. pág. 38
[11] Comisión
de Tología CLAI. Op.cit. pág. 11
[12] James B.
Nelson. Between Two Gardens. Reflections on Sexuality
and Religious Experience.New York. 1985. Pág.
65
[13] James B.
Nelson. Op.cit. pág. 71
[14] L.William
Contryman. ¿Qué nos dice el relato bíblico
de la creación acerca de la homosexualidad? Berkeley,
California.
[15] Pablo Andiñach.
Cantico dos Canticos. O fogo e a ternura. Comentario
Bíblico. Petropolis. 1998.
[16] Idem. Pág.
22 y sgts.
[17] Idem. Pág.
34
[18] L. William
Countryman. Dirt, Greed and Sex. Sexual Ethics
in the New Testament and their implications por today.
Fortress Press. 1990.
[19] José
Comblin. Atos dos Apóstolos. Vol I: 1-12. Comentario
Bíblico. Petropolis. 1988. Pág. 194-195
[20] William Barclay. Hechos de los
Apostoles. Vol. 7 El Nuevo Testamento. Buenos Aires.1974
[21] idem. Pag. 91
[22] William
Barclay. Op.cit. pág. 9
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