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| "Había
allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran
las mismas que habían seguido a Jesús desde
Galilea para servirlo" (Mateo 27: 55) |
Campaña Mundial contra el
SIDA 2004
MUJERES, MUCHACHAS, VIH-SIDA
Introducción:
1. Como representantes de diversas comunidades cristianas comprometidas
en la educación para la prevención, en la promoción
social y la defensa de los derechos humanos de las personas
afectadas por el VIH-SIDA y en el acompañamiento integral
y solidario queremos hacer llegar estas palabras que pongan
en acción nuestros sentimientos.
2. Desde el primer momento de la epidemia las mujeres, las muchachas
y las niñas no miraron de lejos esta realidad sino que
estuvieron de diversas maneras involucradas y siguiendo de muy
cerca los avances de la enfermedad. Contrariamente a lo que
indican las estadísticas, las mujeres y las muchachas
han estado al lado de la cama de muchos pacientes en un valiente
testimonio de solidaridad y de desafíos a temores, prejuicios
culturales, sociales y religiosos. Es por ello que hoy queremos
unir nuestras voces y nuestras acciones para recordar y tomar
como ejemplo a todos esos rostros de mujeres que como madres,
esposas, hijas, enfermeras, doctoras, amigas, compañeras,
voluntarias, acompañantes..., están comprometidas
con la vida y la dignidad humana. Somos testigos de esas presencias
que han iluminado un camino que parecía sembrado de dudas
y temores.
3. Muchas mujeres que en un comienzo estaban al lado de la cama
de una personas viviendo con VIH-SIDA, hoy, ellas mismas están
ocupando esas camas. Reconocemos que las mujeres han reclamado
"como una voz que clama en el desierto" (Mateo.3:3)
, tanto en la sociedad como en las iglesias, por justicia, educación,
campañas de prevención y la implementación
de medidas que hubieran evitado esta situación de crisis.
4.Las mujeres y las muchachas que viven con el VIH-SIDA experimentan
las consecuencias de políticas inadecuadas y la inacción
de muchas iglesias y lideres religiosos, que no supieron prevenir
ni el virus ni el estigma y la discriminación que vivieron
y viven todas ellas. Hoy nos unimos con el ánimo de que
juntos y juntas podamos construir conciencias responsables firmes
y constantes que posibiliten un presente y un futuro digno y
sano.
5. Es nuestro deseo y voluntad crear espacios tanto en las comunidades
cristianas como en la sociedad, donde las voces y relatos de
las mujeres que viven con VIH-SIDA puedan ser escuchados y que
sus historias de vida sean oportunidades para convertir la mente
y el corazón de nuestras iglesias y sociedades. Queremos
escuchar las voces de las mujeres y de las muchachas para comprender
que la prevención de la epidemia exige una mirada que
supere los límites del virus. Al tomar conocimiento de
los elementos de la vida cotidiana en que viven las mujeres
y las muchachas entendemos por qué son más vulnerables.
6. Queremos reconocer que en la respuesta dada a esta epidemia,
tanto la sociedad como las comunidades cristianas hemos colocado
sobre los hombros de las mujeres y las muchachas cargas asistenciales
injustas. Al lado de la cama de un varón siempre hemos
encontrado la presencia de mujeres, que cumpliendo diversos
papeles no abandonaron a sus seres queridos ni al prójimo
en necesidad. Hoy sabemos que cuando ellas están enfermas
no siempre los varones asumen las mismas responsabilidades.
Queremos como comunidades pedir perdón y comprometernos
en cambiar esta situación.
7. Las comunidades cristianas que adhieren a este mensaje, con
voz profética denunciamos la falta de equidad de género
y las responsabilidades estereotipadas impuestas a las mujeres
y a las muchachas. No es suficiente reconocer que el rostro
del SIDA es cada vez más joven, más pobre y más
mujer, sino que debemos juntos implementar acciones que transformen
esta situación.
8. Es por ello que en este Día Mundial del SIDA 2004
nos proponemos cooperar con las organizaciones de la sociedad
civil, en una campaña que sensibilice a nuestras iglesias
y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad sobre la realidad
que deben enfrentar las mujeres y las muchachas en el contexto
de la epidemia del VIH-SIDA.
Muchas mujeres y muchachas son vulnerables al VIH a causa
de los comportamientos de alto riesgo de otros.
9. Es por ello que con este mensaje queremos apoyar y reforzar
acciones pastorales y de educación que contribuyan a
reducir la vulnerabilidad de las mujeres y muchachas al VIH
y el SIDA. Las comunidades cristianas debemos romper el silencio
y hacer visible nuestro compromiso en erradicar en la sociedad
y en las mismas comunidades cristianas, las prácticas
culturales y sexuales que son frutos de una desigualdad de género
y raíz de esta vulnerabilidad. Aquí se hace necesaria
una clara voz profética de denuncia y de transformación.
10. Queremos reforzar los comportamientos masculinos positivos
que desafían las pautas culturales, sociales y religiosas
de exclusión y que vulneran a las mujeres que viven o
conviven con VIH y SIDA. Es importante encontrar modelos que
sirvan para la construcción de una sociedad más
justa, solidaria e igualitaria.Queremos resaltar los valores
de dignidad, construyendo campañas de prevención
centradas en la igualdad de los derechos humanos, el respeto
por la diversidad de la vida y los sentimientos de todos y todas.
11. Queremos unir nuestras voces y acciones y no cerrar nuestros
ojos y oídos ante el abuso y la violencia en que viven
las mujeres y las muchachas en América Latina. Queremos
que nuestras comunidades sean lugares seguros que protejan los
derechos, la dignidad, la igualdad en la diversidad y la vida
de todos y todas. Queremos decir basta a la impunidad ante la
violencia física, psicológica, económica,
social , cultural y religiosa en que viven muchas mujeres y
muchachas, no solo en la sociedad sino aún en el mismo
contexto de nuestras comunidades cristianas.
12. Denunciamos que la dependencia económica, el comportamiento
cultural y social de muchos varones y las limitaciones legales
y religiosas en que viven muchas mujeres y muchachas, que no
tienen otras opciones ni otros horizontes, las obliga a relaciones
y prácticas tanto sexuales como humanas inseguras y de
riesgo.
13. Queremos construir otra sociedad en donde las relaciones
entre personas se encuentren revestidas de los valores del reino
de Dios. Ese es el reino que cada día imploramos que
venga y esa es la voluntad de Dios que queremos que se cumpla.
Las mujeres mantienen unidas las familias y comunidades y
son una fuente de enorme fuerza en la prevención del
VIH y el SIDA
14. Reconocemos el importante papel que desempeñan las
mujeres para sostener a su grupo afectivo y ocuparse de la mayoría
de las tareas asistenciales. Como comunidades cristianas queremos
cuestionar esta práctica cultural y propiciar un cambio
de pensamiento, de comportamiento y de actitud. Es nuestra tarea
poner de relieve todos los signos positivos que se encaminan
a lograr una comunidad más equitativa y relaciones más
solidarias entre personas.
Debe animarse a las líderes femeninas para que hablen
abiertamente sobre el VIH y el SIDA
15. Es nuestra aspiración que los grupos femeninos que
existen y trabajan dentro de nuestras comunidades cristianas
se transformen en embajadores de un mensaje liberador y que
acompañen la Campaña de ONUSIDA que tiene como
eje: Mujeres, Muchachas, VIH y SIDA. Es nuestro compromiso
promover líderes femeninos que a nivel nacional y local
sean capaces de emprender y encabezar acciones que hablen abiertamente
sobre el SIDA.
Los hombres, los muchachos y las comunidades cristianas en general
tienen un papel crucial que desempeñar, y también
se beneficiarán de este énfasis en las mujeres
y muchachas
16. Con este mensaje queremos lograr una mayor igualdad de género
que repercuta positivamente tanto en las mujeres como en los
varones. Indudablemente los varones también son vulnerables
a la infección por el VIH a causa de la desigualdad entre
géneros, aunque no de la misma manera ni por las mismas
razones. Por ello queremos desafiar y rechazar las normas de
género que alientan a los varones a asumir conductas
de riesgo, con el solo objetivo de poner de manifiesto una equivocada
comprensión de la masculinidad.
17. Al hablar de las diferencias de género impuestas
por la cultura y las situaciones sociales, económicas
y religiosas queremos alcanzar el objetivo de capacitar a las
mujeres en la toma de conciencia de esas situaciones y también
concientizar a los hombres, muchachos y comunidades cristianas
en su conjunto para que sean la voz de aquellos y aquellas que
aún no tienen voz y que son invisibilizados e invisibilizadas.
Las mujeres pueden trabajar en contra del estigma y la discriminación
relacionados con el VIH desde el seno de las comunidades cristianas
en las que participan
18. Animamos a las mujeres a utilizar su influencia en las organizaciones
eclesiales a las que pertenecen y en las que participan. Incidir
en el mundo laboral, en las organizaciones de voluntariado,
en las empresas y en los grupos de apoyo para que contribuyan
a la tarea de prevención del VIH y, en concreto, a la
tarea educativa y de derechos humanos en contra del estigma
y la discriminación asociados a la enfermedad.
19. Nuestras organizaciones religiosas deben ejercer
una influencia particular, dado que los líderes espirituales
poseen autoridad institucional. Esta responsabilidad brinda
la oportunidad de divulgar información correcta y científicamente
fundamentada acerca del VIH y el SIDA, para erradicar lo discriminación
contra las personas que viven con VIH o con el SIDA. Nuestras
organizaciones religiosas desempeñan una función
crucial en muchos contextos culturales por su capacidad para
impulsar una respuesta eficaz al VIH/SIDA
20. Nuestras organizaciones y los responsables de nuestras comunidades
deben fortalecer el compromiso por la justicia y ayudar a ejercitar
sus derechos y así ayudar a las personas a que se reconcilien
con la vida para superar los sentimientos de culpabilidad, negación,
estigma y discriminación, además de abrir nuevos
caminos hacia la esperanza, conocimiento, prevención
y asistencia.
Los servicios de salud adecuados para las
mujeres mejoran el acceso de éstas y de sus hijos a
asistencia sanitaria
21. En nuestras culturas latinoamericanas
las pautas culturales hacen que las mujeres sean las últimas
en recibir asistencia sanitaria. En el evangelio los milagros
de Jesús nos anuncian que la salud para todos y todas
es uno de los signos precursores del Reino. Es con ese fundamento
que queremos remediar esa desigualdad de género. Nos
comprometemos a promover una asistencia integral que incluya
la mejor terapia, en especial el acceso a los tratamientos
antiretrovirales para todos y todas.
22. El SIDA intensifica la feminización
de la pobreza y discapacita a las mujeres, especialmente en
los países más afectados. Todo el grupo afectivo
se vuelve más vulnerable cuando las mujeres dedican
más tiempo a cuidar a los enfermos, a expensas de otras
tareas productivas dentro del grupo afectivo.
23. En nuestro compromiso profético
de denuncia de las situaciones de pobreza y desigualdad social,
y de anuncio evangélico de un mundo más justo
nos proponemos:
- Subrayar la magnitud y las implicaciones
del trabajo asistencial no remunerado de las mujeres.
- Animar a los gobiernos, a los formuladores de
políticas nacionales e internacionales, a las comunidades
y familias a reconocer la necesidad urgente de incrementar
y ampliar la protección social y remunerar a las cuidadoras
a nivel comunitario y doméstico.
- Propugnar cambios en la división por
géneros de las tareas domésticas y alcanzar
un equilibrio en las responsabilidades asistenciales.
La educación de las niñas
y muchachas reduce su vulnerabilidad al VIH
24. Las muchachas son las primeras a las que
se saca de la escuela para que atiendan a familiares enfermos
o cuiden de hermanos más pequeños. El VIH/SIDA
está amenazando avances recientes en educación
básica y afecta de forma desproporcionada a la escolarización
de las niñas.
25. Ir a la escuela protege. La educación
es una de las defensas básicas contra la diseminación
del VIH y el impacto del SIDA, y cada vez existen más
pruebas al respecto.
26. En nuestro compromiso profético
de denuncia de las situaciones de pobreza y desigualdad social,
y de anuncio evangélico de un mundo más justo
nos proponemos:
- Lograr la escolarización
de las muchachas y asegurar un entorno seguro y propicio que
permita que continúen en la escuela.
- Proporcionar educación basada en aptitudes
para la vida, con un enfoque en las cuestiones de género
- Proteger a las mujeres y muchachas de la violencia,
explotación y discriminación en las escuelas
y su entorno.
Una gama más amplia de opciones
de prevención puede capacitar a las mujeres para que
se protejan a sí mismas
27. La educación constituye la base
para ampliar y potenciar los programas de prevención
enfocados específicamente a las mujeres y muchachas
28. En comparación con los varones,
las mujeres tienen el doble de probabilidades de contraer
el VIH a raíz de un único acto sexual no protegido,
pero siguen dependiendo de la cooperación masculina
para evitar la infección.
29. Los microbicidas son una de las opciones
preventivas más prometedoras que se vislumbran en el
horizonte. Con una voluntad política y una inversión
suficientes, la primera generación de microbicidas
podría estar lista para distribución en un plazo
de tan sólo 5-7 años. Sin embargo, la inversión
en investigación y desarrollo de microbicidas debe
expandirse de forma rápida y radical si se pretende
hacer realidad las esperanzas que han engendrado.
La violencia contra las mujeres puede acelerar
la diseminación del VIH. No debe tolerarse ningún
tipo de violencia
30. La violencia contra las mujeres es un
problema importante de derechos humanos y salud pública
en América Latina. Esta violencia aumenta la vulnerabilidad
femenina al VIH.
31. La violencia contra las mujeres es común
en casi todas las sociedades. Se apoya en la discriminación
y subordinación de las mujeres, y, a su vez, sirve
para reforzar y perpetuar estas situaciones.
32. La elevada incidencia de relaciones sexuales
no consensuadas, la incapacidad de las mujeres para negociar
prácticas sexuales seguras y, en muchos casos, el miedo
al abandono o la expulsión del hogar y la comunidad
plantean retos extremos, en especial para las mujeres que
carecen de medios económicos.
33. Como cristianos y cristianas comprometidos
con el Evangelio de Jesucristo, repudiamos todo tipo de violencia
hacia las mujeres y las muchachas. Nos comprometemos a trabajar
para que nuestras comunidades cristianas sean lugares seguros
donde: cuidemos la vida, generemos espacio para la escucha,
la participación y el ejercicio de los derechos de
las mujeres y muchachas que viven o conviven con el VIH y
el Sida, y junto a ellas ser agentes transformadores de la
realidad.
Las mujeres deberían representar la mitad de todas
las personas que reciben fármacos antirretrovírales
34. Como comunidades cristianas nos comprometemos
en apoyar todos los esfuerzos que tengan como objetivo que
en 2005, al menos la mitad de todas las personas que tengan
acceso a fármacos antirretrovírales deben ser
mujeres.
35. Las comunidades cristianas debemos desarrollar
principios y mecanismos que promuevan y proporcionen un acceso
equiparado a servicios de asistencia y tratamiento antirretrovírales
para las mujeres, muchachas y niñas, incluidos los
grupos excluidos de personas que viven con el VIH y el SIDA.
36. Hemos de incorporar mensajes bien fundamentados
sobre acceso a tratamiento para las mujeres y muchachas, además
de garantizar que se respete la igualdad de género
como necesidad fundamental en el desarrollo de programas para
mejorar el acceso a todas las formas de asistencia y tratamiento.
37. En nuestro compromiso profético
de denuncia de las situaciones de pobreza y desigualdad social,
y de anuncio evangélico de un mundo más justo
nos proponemos dar:
- Capacitación para el Liderazgo
Promover la participación activa de las mujeres y muchachas
en la prevención de la epidemia.
- Apoyo
Escuchar las historias que las mujeres y muchachas que viven
con el VIH quieran compartir.
- Sensibilización
Subrayar el impacto que el VIH y el SIDA tienen sobre las
mujeres y muchachas a nivel mundial, regional y nacional.
- Cambio
Cuestionar las diferencias de género que hacen a las
mujeres y muchachas más vulnerables al VIH.
- Encuadre nacional
Asegurar que las políticas y respuestas nacionales
estén enfocadas al impacto del SIDA sobre las mujeres
y muchachas.
- Confianza
Aumentar la autoestima de las mujeres, especialmente las que
son vulnerables al VIH o ya viven con él.
- Concordancia con la Declaración
de la Sesión Especial sobre el VIH-SIDA de la Asamblea
de las Naciones Unidas (UNGASS)
Acrecentar el conocimiento, credibilidad y legitimidad de
las metas de la Declaración de compromiso de asumida
por los gobiernos en la Sesión Especial sobre el VIH-SIDA
de la Asamblea de las Naciones Unidas (UNGASS) en relación
con las mujeres y muchachas.
38. En el Evangelio las mujeres han sido las
primeras que fueron testigos de la victoria de la vida sobre
la muerte y se les encomienda la misión apostólica
de anunciar ese mensaje de esperanza a todos los seres humanos
(Juan 20: 18). Estamos seguros, que en el contexto de la crisis
del VIH y del SIDA, las mujeres y las muchachas pueden también
ser portadoras de un mensaje de solidaridad y de igualdad
en la diversidad cuyos ejes fundamentales sean el respeto
por la dignidad y los derechos de todas y todos.
ORGANIZACIONES QUE ADHIEREN A ESTE MENSAJE
(adhesiones recibidas hasta el 17/11/2004)
- Asociación Civil Benghalensis
(Buenos Aires. Argentina)
- Asociación Cristiana Femenina
do Brasil
- Asociación Cristiana Femenina de El Salvador (World
Young Women's Christian Association)
- Asociación Cristiana Femenina de México (World
Young Women's Christian Association. México)
- Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ-YMCA)
de El Salvador
- Asociación YANAPAQ (Escuela de Autogestión).
(Lima. Perú)
- Católicas por el Derecho a Decidir (Buenos Aires.
Argentina)
- Católicas por el Derecho a Decidir (Córdoba.
Argentina)
- Centro Ecuménico de Acción Solidaria (CEASOL)
(Buenos Aires. Argentina)
- Centro Parroquial Ecuménico Rosa Blanca (Lima. Perú)
- Comisión Argentina para los Refugiados (CAREF) (Buenos
Aires. Argentina)
- Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) Regional Río
de la Plata
- Coordinadora Peruana de Personas Viviendo con VIH-SIDA "Peruanos
Positivos" (Lima. Perú)
- Diaconía/Programa de Apoio à Açao Diaconal
das Igrejas. (Recife. Brasil)
- Ediciones La Nueva Humanidad. (Buenos Aires. Argentina)
- Ejército de Salvación - Territorio Sudamericano
Este.
- Equipo de la Misión María Magdalena (IELU)
(Resistencia. Chaco. Argentina)
- Fundación Argentina Pro Ayuda al Niño con
SIDA (FAPANS) (Buenos Aires. Argentina)
- Fundación Kairos (Buenos Aires. Argentina)
- Fundación para Estudio e Investigación de
la Mujer (FEIM) (Buenos Aires. Argentina)
- Fundación Educación Popular en Salud (EPES)
(Santiago de Chile)
- Fundación Proyecto VIDA (Maracay. Venezuela)
- Iglesia Discípulo de Cristo (Argentina)
- Iglesia Evangélica Luterana Unida (Argentina - Uruguay)
- Iglesias Reformadas en Argentina
- Intilla. Asociación Civil. (Pcia. de Buenos Aires.
Argentina)
- Liga Bonaerense de Diversidad Sexual (Pcia. de Buenos Aires.
Argentina)
- Ministerio de Restauración y Consolación HESED
(Lima. Perú)
- Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (Buenos
Aires. Argentina)
- Oficina Conjunta de Proyectos IELU-IERP (Buenos Aires. Argentina)
- Pastoral Ecuménica VIH-SIDA (Buenos Aires. Argentina)
- Programa de Incidencia sobre Deuda Externa e Ilegítima
en América Latina y el Caribe.
- Federación Luterana Mundial. Rev. Ángel F.
Furlan. (Buenos Aires. Argentina)
- Programa de Soporte a la Autoayuda de Personas Seropositivas
(PROSA). (Lima. Perú)
- Red de Salud 2124 - Villa 21 y 24. Zabaleta. Barracas (Buenos
Aires. Argentina)
- Sínodo Luterano Salvadoreño (San Salvador.
El Salvador)
- YWCA (World Young Wome's Christian Association) Asociación
Cristiana Femenina de Chile.
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