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I Jornada de Reflexión Feminista por el Derecho de Decidir
En los límites de la vida: un acercamiento teológico a la problemática del aborto.
Silvia Regina de Lima Silva - Junio/2003

En la discusión sobre el aborto, desde el punto de vista teológico, es importante escuchar otras voces, reflexiones distintas que partan de las mismas mujeres. En este artículo presento algunos planteamientos que parten de mi reflexión como una mujer de fe, de tradición católica, de práctica religiosa ecuménica, biblista y teóloga feminista.

El trabajo constará de tres momentos. Inicialmente queremos compartir el lugar desde donde construimos la reflexión sobre el aborto, o sea una definición del lugar epistemológico. Lugar epistemológico como punto de partida, fuentes de donde nutrimos el pensamiento, construimos conceptos, campo en el cual nos moveremos. El paso siguiente es presentar algunos elementos de una ética feminista. Entro en diálogo con algunas compañeras que han trabajado el tema. Como tercer paso, propongo el cuestionamiento y la deconstrucción de imágenes de Dios patriarcales y presento algunas pistas para la construcción de nuevas imágenes de Dios. Reconozco que son pasos iniciales, intuiciones personales, un abrir las puertas para que nos entre aire fresco y que podamos salir, dando nuevos pasos y buscando nuevos caminos para hablar y experimentar a Dios en situaciones límites.

1. En la trama de los conceptos: buscando palabras de la vida vivida

En gran parte de la literatura sobre el aborto encontramos como punto de partida afirmaciones generales. El autor o la autora a un principio se declara en contra o a favor del aborto y a partir de allí va presentando sus argumentaciones para justificar la afirmativa inicial. El "feto ya es", "el feto será", "humano", "no humano", "llegará a ser humano", "fechar la hominización", "viable", "inviable", a veces son juegos de palabras que en los intentos de defensa de posicionamientos propios caricaturizan las situaciones, se alejan de las sujetas involucradas, se pierde la referencia a la vida concreta, a lo cotidiano. Para salvar principios se condena personas, se cierra posibilidades, se impide el diálogo.

La teología feminista, en consonancia con el pensamiento feminista, encuentra en las situaciones concretas, en los cuerpos de las mujeres, el punto de partida para su reflexión. Este principio está presente en todo el quehacer teológico y son aquí la puerta por donde nos acercamos a la discusión acerca del aborto.

"Producimos un pensamiento pegado a la escucha de las vivencias de las mujeres, este ser metido en lo cotidiano de una vida y de una realidad concreta de un espíritu que se expresa en un cuerpo vivo y exuberante, que menstrúa, que siente, que se resiente, produce cultura, aprende, pregunta, desea, obedece, se niega... un cuerpo que comete transgresiones."

En esta reflexión, les invito a hacer el ejercicio de escuchar el cuerpo de las mujeres, nuestro cuerpo, en su totalidad. Eso implica considerar diferentes aspectos.

Primeramente, reconocemos como importante para nuestro ser mujer, la autonomía, la libertad como característicos del ser persona. Por detrás de los planteamientos en contra del aborto pareciera haber una negación de esas dimensiones, o sea, la falta de reconocimiento de la mujer como persona humana, con derecho de decisión. Pero, cuando hacemos la invitación a escuchar el cuerpo de las mujeres en su totalidad, queremos dar un paso más pues entendemos que ese principio, del derecho de decisión, también necesita ser contextualizado e interpretado, lo que lo saca del pedestal de principio absoluto para ubicarlo en la vulnerabilidad y fragilidad de las distintas situaciones de nuestra existencia. Las opciones, los juzgamientos, las decisiones también son relativas . Por eso el reconocimiento del cuerpo como punto de partida para la reflexión implica en considerarlo en sus diferentes inmensidades, pues se trata de una corporalidad histórica y holística.

No es afirmar solamente que somos dueñas de nuestro cuerpo... más que dueñas, somos cuerpo. Un cuerpo que muchas veces comete transgresiones, a favor de la vida. La transgresión es parte de la escucha de la dinámica misma de la vida. Es el cuerpo que no se limita a lo instituido pero va más allá, buscando concreta respuesta a los desafíos cotidianos. Es desde allí, desde la trama de lo cotidiano que queremos pensar el aborto y proponer una reflexión teológica que entre en diálogo con esta realidad.

Entendemos la vida como un sistema complejo, una red, una malla de tejidos y colores diversos. Hay que estar abiertos para escucharla en sus complejidades y contradicciones. En esa trama, vida y muerte, bien y mal están entrelazados. Hay que discernirlos en cada momento, frente cada situación concreta. Para eso hay que estar con los pies metidos en la tierra, que es la vida misma.

Esta no ha sido la práctica ni la perspectiva de la sociedad patriarcal y colonialista, que sigue afirmando sus principios y verdades absolutas, completamente sordos, indiferentes a lo que pasa en la vida cotidiana. En Brasil, la tercera causa de muerte materna, es el aborto realizado en clínicas clandestinas . Antes de ser un problema teológico, ¿no es ese un problema de salud pública? Escuchar la vida en su complejidad es escuchar la muerte de miles de mujeres y relacionar la reflexión acerca del aborto, con las cuestiones más generales de la sociedad.

2. De lágrimas y responsabilidad

La teología feminista apunta hacia una antropología donde el cuerpo humano, de mujeres y varones, son lugares teológicos, manifestación de lo divino. A la salvación y al pecado las experimentamos en nuestros cuerpos. Compartiremos algunas ideas desde la ética teológica y estas serán a posteriori, retomadas por la teología, como un aporte en las reflexiones acerca del aborto.

Uno de los campos de reflexión que se ha desarrollado en la teología feminista, es el de la ética. En la ética feminista al igual que en la teología feminista, es fundamental "ser capaz de escuchar las vivencias y experiencias de las mujeres y solamente desde allí pensar en formulaciones éticas y orientaciones más generales de la vida... lágrimas de dolor son un punto de partida porque manifiestan nuestra humanidad común" . En temáticas como el aborto, donde definitivamente no hay un consenso, es importante saber donde estamos, donde están nuestras lágrimas, nuestros dolores comunes y deseo de vida plena. ¿Dónde ponemos el corazón? ¿Con quienes lloramos?

Al tratar la temática de la interrupción del embarazo, colocamos el corazón junto al dolor de las mujeres, escuchamos, sentimos, pensamos, proponemos, desde ese lugar. Sí, porque sea por cuestión cultural, de formación religiosa u otras razones, interrumpir un embarazo no es un acto ligero y liviano. Es parte de un dilema, está atravesado por miedos, angustias, deseos y no deseos... por lágrimas. Creo que ese es el sentir de la mayoría de las mujeres. A estos sentimientos se añade la culpa. Pero quisiéramos apuntar hacia una manera distinta de leer la interrupción del embarazo. La decisión tomada por la mujer en lugar de la culpa, puede ser identificada como "bien iluminado por la responsabilidad" .

El lugar hermenéutico mencionado anteriormente, es fundamental para entender la diferencia entre la propuesta que presentamos y los juicios emitidos por la sociedad patriarcal acerca del aborto. Mientras la lógica androcéntrica impone un concepto de vida de forma abstracta, ideal, como principio universal pero desgarrado de realidades concretas, la lógica de las mujeres es distinta. Para estas, el imperativo de la vida es tan concreto, a punto de justificar la interrupción de una vida o ser humano futuro cuando no se encuentren las condiciones concretas para su desarrollo. En ese sentido, nos preguntamos con Elina Vuola: "¿No es también un derecho o hasta un deber ético el no reproducir la vida? " Esas condiciones concretas van desde las condiciones materiales, de supervivencia, hasta las condiciones internas, el deseo mismo de una mujer frente un embarazo.

El acto de fecundación se completa con el permiso, el consentimiento de la mujer. Es irreal pensar la autonomía del feto como quieren algunos, como también pensar el útero como casa que alberga, de la cual dispongo, como afirman otras/os. Pienso que la relación madre-hija/o es tan intensa, tan profunda que necesita deseo, consentimiento. Cabe a la mujer decir sí o no. Las que hemos hecho la experiencia del embarazo sabemos que sentir y ver crecer un ser dentro de nosotras es una historia amorosa, de complicidades, de cuerpo que se transforma, de espacios que ahora se dividen, de dar y recibir, donde el cuerpo de la mujer es mucho más que un receptáculo, es un universo que genera, comparte y desborda vida. Sí, quiero, venga, empecemos una historia juntos/as.

Traer un hijo/a adentro es más que tener un huésped en la casa, es querer hacer historia con alguien. Es darle mi cuerpo, de lo que me nutre, de mi energía. Es permitirle ser parte de mis sueños, es poder imaginarlo, desearlo ardientemente, irnos juntos a toda parte, al trabajo, al supermercado, al paseo, dormir y despertar en un mismo cuerpo. Sobre eso es difícil legislar desde afuera, más para aquellos que nunca experimentaron ni experimentarán ninguna forma de relación semejante. Durante esos 9 meses y por un tiempo más, es ser uno. Por eso, en casos de un embarazo no deseado, no se trata de ser responsable frente a un error cometido. No existen hijos e hijas del error, de la equivocación. Más bien, somos responsables por nuestras vidas, no vivimos de casualidades, de accidentes. Si estos ocurrieran, sería un acto de responsabilidad reasumir la conducción de la vida y pensar el embarazo o el no embarazo dentro de un horizonte de sentido, donde la pregunta es " interrumpa o no el embarazo, ¿qué es lo que quiero de mi vida? Se trata de actuar desde lo concreto de la vida.

Acredito que para las mujeres esos son siempre momentos de confrontación, de dolor donde lo que se necesita no son palabras que parten del legalismo, juzgan y culpabilizan, sino que lo que se necesita son brazos y manos que acompañen y que se hagan solidarios, independientemente de la decisión que tomen.

3. Buscando una nueva mirada de Dios/a

Una pregunta que surge en este nivel de la discusión es acerca de Dios. Tanto se ha dicho de Dios, Dios quiere, Dios no quiere, Dios manda, hay que hacer la voluntad de Dios. ¿Y Dios? ¿qué?

La historia del patriarcado, vista desde el punto de vista teológico, lo primero que hizo fue secuestrar a Dios, construir un dios a su imagen y semejanza y desde el poder, imponerlo a algunos hombres, los más pobres y a todas las mujeres. Adoramos a un Dios único y verdadero, que en realidad es un dios, en gran medida, construido por manos masculinas de acuerdo a sus intereses y necesidades.

La tradición cristiana se ha preocupado históricamente con la vida humana antes de nacer y después de morir. Esto revela un desprecio por la vida corporal y material, un desprecio por dimensiones importantes de la vida como la sexualidad y las experiencias de las mujeres. La vida como tal, el cuerpo, no han sido sagrados en esa tradición . Cuando hablamos de tradición cristiana nos referimos sobretodo al cristianismo que se conformó a partir de la cristiandad .

En las imágenes que tenemos de Dios, sobrevive la de un dios que está afuera y arriba de nosotros, que tiene una voluntad sobre el mundo y las personas, habla y pronuncia esta voluntad desde el más allá, desde el cielo o un lugar lejano que no logramos identificar. Ese dios, por ser tan distante, necesita mediadores, alguien que hable en su nombre, que interprete a los mortales su voluntad. Ese lugar de mediadores ha sido ocupado por los líderes religiosos, en su mayoría varones.

Hace muy poco tiempo las mujeres, por lo menos en el cristianismo, en el mundo occidental, empezamos a describir a Dios, a dibujarlo con otros colores, encontrarle un rostro distinto y proclamarlo. Leer los textos sagrados con ojos propios y no sujetarnos a las interpretaciones bíblicas realizadas por el mundo masculino. Eso ha significado experiencias profundamente liberadoras para la vida de las mujeres y también para varones identificados con un sentido de vida que está más allá de las imposiciones de la sociedad patriarcal.

La presencia activa y cuestionadora de las mujeres en las comunidades eclesiales y en el trabajo bíblico teológico ha hecho posible el acceso de las mujeres al poder de la interpretación, el poder decir, poder desdecir algo acerca de Dios y frente a Dios. Hemos asumido el poder de la palabra sobre Dios, el poder para construir, a partir de la propia experiencia, nuevas imágenes de Dios. En esta amplia, ardua y también placentera tarea de deconstrucción teológica y construcción de una teología liberadora, urge seguir descubriendo nuevas lenguajes, imágenes de Dios que den un valor relativo y, por momentos, sustituyan las imágenes del dios patriarcal.

Quisiera rescatar algunas imágenes, algunos rostros de Dios que, en momentos de duda, de miedo ante la necesidad de tomar decisiones, ante la opción de la interrupción de un embarazo, pueden ayudarnos a abrir la vida y el corazón hacia una experiencia del Divino que no se identifica con el juez que juzga y condena, sino que nos toma entre sus cariñosos brazos.

Rescatemos ese rostro de un Dios apasionado por la vida y por la persona humana. Le gusta tanto la vida, que imagínense, el mismo quiso ser humano. Se hizo carne humana, en un cuerpo, el de Jesús. Vivió la historia de su tiempo, fue parte de un pueblo, miembro de una familia, parte de una cultura y practicó también una religión. Se enfurecía frente las injusticias y cada vez que en nombre de la ley se sacrificaba, se negaba la vida de las personas concretas. Un Dios diferente... que abrazaba los niños, comía con los que eran considerados pecadores y una vez libró a una mujer que había sido condenada a pena de muerte por haber sido encontrada en adulterio (Jn.8.1-11). A otras mujeres les ayudó en sus enfermedades y dolores. Después de muerto, regresó para despedirse de una mujer especial, de Maria Magdalena, y la envió como fundadora de las comunidades cristianas, comunidad de iguales, comunidad de hermanos y hermanas. Ese Dios, amigo de las mujeres, de los niños y de los pobres, se reveló como un Dios cercano, cuidadoso, bondadoso. Un Dios de ternura y afecto, que se ocupa de la vida concreta, del bienestar, de la felicidad de cada una/o.

Ese Dios cercano y cuidadoso, nos habla también desde y en la vida cotidiana. Se hace presente en los gestos de cariño y solidaridad. Un Dios que cuida de la vida, de la vida concreta tal como se nos presenta en el día a día. Que se manifiesta en los gestos de solidaridad, en palabras sencillas que nos iluminan y orientan cuando nos sentimos invadidas por la duda, en las palabras sabias que nos levantan cuando somos aplastadas por el dolor.

Es un Dios de amor y de misericordia. Un Dios que ama sin medidas con un amor incondicional. Un Dios que se revela en el interior de la historia, la transciende, pero nunca prescinde de ella. Ese Dios vive, se esconde en lo más profundo de nuestro ser. Es solidario, nos respeta en nuestras decisiones. En Jesús se reveló como Padre. Pero creo que nosotras podríamos decir que es la Amiga inseparable, Dios-Amiga que nos acompaña en momentos de decisión y que sabemos que estará siempre a nuestro lado.

A ese Dios lo encontramos también en la comunidad solidaria, que es lugar de discernimiento y compromiso. Es allí también lugar privilegiado de Su revelación. No estamos solas. En las amigas y hermanas, encontramos su brazo, su eterno y siempre presente abrazo en los momentos de soledad. Si nos equivocamos y queremos retomar el camino, sí, El también nos acompaña para hacer el camino de vuelta y dar los primeros pasos en el camino nuevo que elegimos y que creemos camino de vida plena, camino de felicidad. Sí, Dios nos quiere personas felices. En la tarea de construir felicidad, no estamos solas.


Conclusión

Creo que en realidad hablé más para mí misma que para ustedes. Considero que este ha sido un ejercicio de pensar en voz alta, buscando las puertas de entrada para trabajar el tema. La reflexión aquí presentada se completa con una reflexión más amplia acerca de políticas y estrategias de trabajo frente a la temática de los derechos reproductivos. No creo que la legalización del aborto en nuestros países sea la solución para los problemas relacionados con la mujer y la salud reproductiva. Tampoco creo que el aborto sea un método de planificación familiar.

Lo que sí considero importante como un primer paso en la discusión, es la despenalización del aborto y que éste sea asumido como un problema de salud pública. Pero ese paso debe ser acompañado de una discusión acerca de la planificación familiar, los métodos anticonceptivos y de un acompañamiento psicológico a las mujeres en momentos de tomar sus decisiones. Eso supone, además, la formación de comunidades solidarias, de casas de apoyo donde las mujeres puedan encontrar cariño y cuidado en momentos de fragilidad y tensión existencial.

Desde el punto de vista teológico, nuestro ejercicio ha sido el de deconstruir imágenes de Dios impuestas por el patriarcado y rescatar la experiencia e imágenes de un Dios de amor y ternura, cercano a las mujeres, un amigo/a para las horas difíciles, compañía segura cuando nos encontramos en los "límites de la vida".

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